El título de esta entrada suena paradógico, pero a nosotros también nos sucede. Los psicólogos/as también podemos deprimirnos (y tener ansiedad, y estrés, y muchas más cosas) a pesar de nuestra formación. Siempre pongo el mismo ejemplo pero es que es muy gráfico "¿Acaso no se resfrían los médicos?"
La respuestas es evidente. A pesar de que los médicos tengan en teoría conocimientos que les preparan para tratar enfermedades, eso no les hace inmunes a ellas. Quizás puedan ser previsores, pero no pueden serlo siempre pues vivirían con miedo constante a caer enfermos, y además hay muchas patologías que pueden afectarte por mucho que te cuides.
A los psicólogos nos pasa exactamente lo mismo. Nuestra formación nos permite ser conocedores de diversas trastornos y afecciones mentales, de su origen, sus efectos y su tratamiento. No obstante, eso no nos convierte en máquinas sin sentimientos, y por eso nos vemos afectados por las malas rachas como todos los demás.
Eso sí, cuando esto sucede el psicólogo puede verse sobrepasado por esas sensaciones o bien saber capearlas. Esto segundo es por supuesto más difícil de decir que de hacer, pues superarlo requiere ver el problema objetivamente, saber abstraerse y actuar con objetividad. Precisamente, cuando alguien acude a nuestra consulta busca no solo nuestros conocimientos y preparación, sino también esa objetividad. Al poder ver el problema desde fuera podemos analizarlo y determinar que método de los disponibles es el más adecuado, que medidas son las más convenientes.
Racionalizar lo que nos ocurre es complicado, pero ¿no es justamente lo que les pedimos a los pacientes cuando llegan a consulta diciendo que el mundo parece estar en su contra? Si nos sentimos mal, tomémonos un momento de descanso, concentrémonos en lo que sentimos, en por qué, y en nuestras sensaciones físicas. Si nos abstraemos lo suficiente lograremos visualizarnos a nosotros mismos como un paciente más, y entonces veremos que camino debemos seguir. Luego, con la constancia y el método, superaremos el bache.
Y si es necesario, recuerda que tienes amigos, familia y compañeros. Ellos estarán ahí igual que tu lo estás para ellos. Recuerda a todos los pacientes a los que has ayudado, y piensa que tú no vas a ser menos. Deprimido o estresado no estás en condiciones de cumplir tus obligaciones con los futuros pacientes, así que si hace falta tómate un descanso. Busca formas de desahogarte, habla con la gente, con otro especialista, escribe un blog. Mañana será otro día, uno mejor que el de hoy. Y el siguiente mejor aún.
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lunes, 29 de mayo de 2017
Psicólogo deprimido
lunes, 20 de marzo de 2017
Psicoreflexión: La Prueba de Turing, la inteligencia artificial y la moral humana.
La prueba que propone Turing consiste en que un evaluador humano mantenga durante unos minutos una conversación con la inteligencia artificial a evaluar y con otro ser humano, pero sin saber cuál es cuál. La idea es que si la máquina es capaz de imitar el comportamiento humano hasta el punto de engañar al juez, estaría manifestando una conducta humana, y presumiblemente una inteligencia también humana. En su planteamiento original, y para mantener el anonimato de cada individuo garantizando así que la máquina no juegue con desventaja, el evaluador únicamente tendría acceso al diálogo en forma escrita.
La susodicha prueba, que parece sacada de una historia de ciencia ficción y de hecho ha sido usada en muchas de ellas, apareció publicada por primera vez en la obra "Computing machinery and intelligence" en el año 1950, surgiendo como un intento para responder a la pregunta de si puede o no ser inteligente una máquina. Desde el punto de vista de la psicología esta prueba es muy interesante, pues no solo nos plantea esta pregunta sino que a su vez implica otras igualmente importantes: ¿Cómo pensamos? ¿Cómo definimos el pensamiento? ¿Qué es el pensamiento? Por lo tanto nos encontramos ante una prueba que, aunque ha recibido bastantes críticas, nos sirve para reflexionar acerca de nuestra inteligencia, la inteligencia artificial y las diferencias que pueden haber entre ambas.
Estas preguntas son clásicas en el ámbito filosófico. Alfred Ayer, por ejemplo, se preguntaba si había alguna forma de saber si cada uno de nosotros experimenta la consciencia de igual manera. Alguno podría pensar que es una pregunta banal ya que es evidente que todos somos conscientes de la misma manera pero, ¿hay realmente una forma de saber esto a ciencia cierta? Decía Ortega y Gasset que cada individuo vive en su propio mundo, encerrado en sus propias experiencias y percepciones y que por mucho que nos demos a conocer a los demás estos jamás sabrán lo que es ser nosotros. En cierto sentido estamos solos, aunque quizás lo más interesante de la vida es precisamente buscar y encontrar a alguien que pese a no ser nosotros nos entienda igualmente.
Turing como hemos visto, se hizo preguntas similares pero respecto a las inteligencias artificiales. Asumió que si algo parece inteligente y se comporta nteligentemente, debe ser inteligente. En base a este razonamiento creó Turing varias versiones de su prueba, siempre con idéntico objetivo y similar funcionamiento.
Con el tiempo, la Prueba de Turing ha llegado a considerarse un requisito, que no el único, que debería cumplir una inteligencia artificial para ser considerada como verdaderamente inteligente. El lector se podría preguntar si a día de hoy alguna máquina ha superado el test, pero difícil decirlo ya que varias inteligencias parecen haber superado la prueba original, pero se ha demostrado que esta depende en gran medida del evaluador escogido. Un ejemplo sería ELIZA, creado en 1966, que fue capaz de engañar temporalmente a algunas personas en una conversación, y otro el Dr. Abuse, una versión mejorada del anterior.
Posteriormente se crearían otros programas similares, cada uno con sus características, cada vez más avanzados y sofisticados y por tanto más capaces de hacerse pasar por humanos, pero nunca alcanzando la perfección en ello y por tanto no llegando a engañar a la mayoría de evaluadores.
Ahora bien, quizás la prueba padece de un problema más importante pues cabría preguntarse si realmente demuestra si una inteligencia artificial se comporta inteligentemente o solo si lo aparenta. Varias han sido las críticas recibidas por la prueba, siendo un buen ejemplo la argumentación de John Searle al respecto, quién decía que programas como ELIZA podía imitar la conversación humana aun sin entenderla, por lo que no se les podría clasificar como inteligentes en el sentido estrictor del término. Esta argumentación fue desarrollada en un experimento mental llamado la habitación china, y gracias a ello se inauguró un interesante debate acerca de la naturaleza real de la inteligencia, sobre si una máquina puede ser inteligente y cómo podríamos averiguar si lo es en caso afirmativo.
Con lo rápido que avanza la tecnología, puede resultar sorprendente que este tipo de programas no hayan alcanzado la capacidad para simular la naturaleza humana, aunque sea durante los pocos minutos que exige la Prueba de Turing. A día de hoy resulta inimaginable una máquina que pueda realizar tal proeza, y es que al final siempre se delatan ellas solas al carecer de esas pequeñas cosas que hacen humano al humano: manías, costumbres, expresiones, faltas de ortografía y una forma de expresarse particular.
¿Alguna vez os ha pasado que vamos a hablar con alguien mediante Whatsapp o similar, y nos responde otra persona que ha tomado el control de ese móvil de forma inesperada, sea para hacer una broma, por maldad o por la razón que sea? ¿Quizás un familiar para decirnos que quién buscamos esta ocupado o se ha dejado el móvil en casa? ¿O la pareja de esa persona respondiendo en su nombre ya que tienen suficiente confianza para ello?
Si alguna vez os ha pasado, seguramente os basten pocas palabras para daros cuenta de que no se trata de la persona esperada. En este caso hablamos de gente conocida, gente a la que conocemos suficiente para reconocer sus patrones de expresión, pero el mismo razonamiento se puede aplicar para detectar cuando hablamos con un humano o con un mecanismo que pretende ser inteligente.
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| Un mensaje totalmente humano y muy de fiar, por supuesto que sí |

El fenómeno del Valle Inquietante estipula que cuando un ser artificial imita al humano y lo hace demasiado bien, nos causa un rechazo natural. Llegados a este punto cabe preguntarse, si una máquina es suficiente inteligente como para pasar por humana, y es en apariencia humana, ¿qué la distingue de nosotros? ¿Es realmente un ser diferenciado o deberíamos tratarlo como un igual?
Esta disertación, que parece más propia de Isaac Asimov que del mundo real, necesita cada vez más de una respuesta. Sin que nos demos cuenta la tecnología avanza cada vez más deprisa, tanto en su faceta de robótica como de inteligencias artificiales y aunque todavía existen multitud de limitaciones técnicas al respecto, el día menos esperado tendremos que afrontar este tipo de problemáticas y otras de tipo moral. Por ejemplo, habría que plantearse si la mera capacidad cognitiva hace inteligente a la máquina o debería considerarse algún elemento más. El propio Turing ya indicaba que para pasar por humano el programa debería tener cierto sentido de la estética y capacidad empática. En efecto, la inteligencia emocional es un rasgo muy propio de nuestra especie.
Se puede argumentar que existen seres humanos con total ausencia de empatía, incluso hay otros que nacen con una capacidad intelectual escasa, pero no dudaríamos nunca de que son seres humanos. Por tanto, ¿le podemos exigir estas capacidades a un máquina?
Otros actos típicamente humanos son el mentir, o como ya dijimos, los errores tipográficos o de ortografía. Yo por ejemplo, pese a conocer la norma ortográfica que rige el uso del porque y por qué, suelo equivocarme cuando escribo textos largos, pues tengo esa costumbre, manía, vicio, llámese como quieran, pero el caso es que un lector asiduo de este blog podría reconocer mi escritura al momento por este y otros defectos similares. Esto le sucederá incluso a un académico de la lengua, pues nadie está a salvo de los errores tipográficos, excepto una máquina que debería ser programada a propósito para cometer fallos de forma arbitraria, pero entonces nos encontramos con que no serían auténticos errores.
Pero esto no es todo, también existen comportamientos que demuestran inteligencia pero que no suelen considerarse propios de nuestra especie. Este tema está de moda ahora que empieza a contemplarse la fabricación de coches inteligentes que se autopiloten. Y es que sus diseñadores tal vez creyeron que la mayor dificultad estribaría en que un coche supiera pilotar, pero no, el mayor reto para este invento será saber decidir en casos de ambigüedad moral.
Imaginemos que un coche inteligente circula por su carril a velocidad normal, y en su interior va un pasajero, pero recordemos que este no conduce pues ya lo hace el coche por él. Imaginemos que una niña se cruza en el camino del coche inesperadamente, y que la única opción para salvarla es girar bruscamente y estamparse contra la pared, posiblemente matando al pasajero. Esta situación sería solventada en milésimas de segundo por el ordenador del coche, pero ¿con qué resultados? Se llevaría por delante a la niña salvando al tripulante? ¿U optaría por salvarla a costa de la vida de este? y si ese es el caso, ¿quién comprará un coche que puede optar por autodestruirse y acabar con la vida del propietario en cualquier momento?
La cosa además se puede complicar hasta el infinito con variaciones de este mismo problema, por ejemplo añadiendo varios peatones a salvar y también varios pasajeros. De este modo la máquina debería decidir si ha de minimizar la cantidad de víctimas posibles, tener en cuenta la esperanza de vida del total, las probabilidad de salvar a cada uno y en cada caso la responsabilidad atribuible al propietario del vehículo. Y es que a pesar de que el coche se conduce solo, si nosotros compramos el vehículo sabiendo que, por ejemplo, decidirá salvarnos a nosotros pues así estaba programado al comprarlo (y lo sabíamos) ¿seríamos en parte responsables del resultado? ¿lo será el fabricante?
Algo similar pasaría con un robot de cocina inteligente. ¿Cómo le decimos al robot que nos prepare un guiso con carne pero que no queremos comernos a nuestro gato? Es más, y si en mi paella pongo conejo pero mis niños tienen un conejo de mascota? Porqué unos animales sí y otros no, ¿qué sentido lógico tiene todo esto y cómo se le explica a la máquina? Quizás cuando los robots deambulen por nuestras casas seamos todos vegetarianos, quién sabe, pero la duda sigue ahí. Una vez más, el cine ofrece un interesante ejemplo de este tipo de dilemas en la película Yo robot.
Turing predijo que las máquinas conseguirían superar su prueba a partir del año 2000, y aunque actualmente algunos programas se puede considerar que lo lograron, no todos los expertos en la materia consideran que esto haya sucedido todavía. La realidad es que a día de hoy las inteligencias artificiales aún no han logrado imitarnos a la perfección, pero hay que tener en cuenta que el desarrollo tecnológico es exponencial y cada día se avanza más rápido en la creación de este tipo de ingenios. Cada vez tenemos más dudas sobre la psicología y ética artificiales, pero no tantas respuestas como nos gustaría.
Fuentes:
Turing-like indistinguishability tests for the validation of a computer simulation of paranoid processes, de Colby, K. M.; Hilf, F. D.; Weber, S.; Kraemer, H.
Ai: The Tumultuous History of the Search for Artificial Intelligence, de Daniel Crevier
The Turing Test: The Elusive Standard of Artificial Intelligence, Dordrecht: Kluwer Academic Publishers,de J.H. Moor.
La Prueba de Turing.
¿Deben los vehículos autónomos ser programados para matar? Publicado en Technologyreview.com
El dilema social de los vehículos autónomos, por Jean-François Bonnefon, Azim Shariff, Iyad Rahwan.
El Valle inquietante.
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Antropología,
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miércoles, 15 de febrero de 2017
Como ganar cualquier discusión usando neurogalimatías pseudocientíficos
El siguiente texto en cursiva es una traducción libre del artículo "How to win any argument: pseudo-scientific neuro-gibberish", publicado en el peridódico The Guardian y escrito por Jules Montague.
Si lo que quieres es ganar una discusión, prueba a hablar usando neurogalimatías, jerga irrelevante que alude a la terminología neurocientífica aun sin aportar información real, de esta manera tus afirmaciones serán mucho más convincentes, según la investigación llevada a cabo por las Universidades de Villanova y de Oregón.

Los investigadores dieron a un grupo de 385 estudiantes breves descripciones de fenómenos psicológicos, incluyendo reconocimiento facial, memoria espacial y estados emocionales, cada una acompañada con explicaciones superfluas que usaban términos neurocientíficos, de ciencias sociales, o de física. La terminología neurocientífica como "cortex prefrontal" o "circuito neuronal" por ejemplo, fue puntuada por los sujetos como la más convincente, incluso cuando la información que aportaba no profundizaba en el tema o siquiera estaba relacionada con él. Los autores concluyen que los participantes consideran la neurocientífica como la explicación más probable en cuanto a los fenómenos psicológicos se refiere, incluso cuando esta realmente no aporta nada.
De lo dicho anteiormente, podemos deducir que si queremos jugar sucio podemos usar la neurojerga para ganar las discusiones.
The Neurons that Shaped Civilization, por Vilayanur Ramachandran.
Si lo que quieres es ganar una discusión, prueba a hablar usando neurogalimatías, jerga irrelevante que alude a la terminología neurocientífica aun sin aportar información real, de esta manera tus afirmaciones serán mucho más convincentes, según la investigación llevada a cabo por las Universidades de Villanova y de Oregón.

Los investigadores dieron a un grupo de 385 estudiantes breves descripciones de fenómenos psicológicos, incluyendo reconocimiento facial, memoria espacial y estados emocionales, cada una acompañada con explicaciones superfluas que usaban términos neurocientíficos, de ciencias sociales, o de física. La terminología neurocientífica como "cortex prefrontal" o "circuito neuronal" por ejemplo, fue puntuada por los sujetos como la más convincente, incluso cuando la información que aportaba no profundizaba en el tema o siquiera estaba relacionada con él. Los autores concluyen que los participantes consideran la neurocientífica como la explicación más probable en cuanto a los fenómenos psicológicos se refiere, incluso cuando esta realmente no aporta nada.
De lo dicho anteiormente, podemos deducir que si queremos jugar sucio podemos usar la neurojerga para ganar las discusiones.
- Usa la palabra neuroplasticidad: Una frase de ejemplo sería "He cambiado mi forma de pensar acerca de ello gracias a que la neuroplasticidad de mi cerebro ha creado nuevas conexiones neuronales". La neuroplasticidad es la capacidad que tiene nuestro sistema nervioso para responder a los estímulos recibidos reorganizando su estructura, funciones y conexiones. Sin embargo, la neurociencia aun no ha logrado explicar porqué pensamos lo que pensamos, ni cómo lo hacemos realmente.
- Habla de la activación de la corteza insular aunque no venga a cuento: Por ejemplo "Sabemos que la gente adora los iPhones ya que cuando se observa el comportamiento del sistema nervioso durante su uso vemos como la ínsula se activa". Suena genial, y estamos cansados de ver titulares de prensa similares, cuando en realidad no significa apenas nada. La ínsula o corteza insular se activa en un tercio de los estudios que usan IRMf, independientemente de lo que estén haciendo los sujetos o si les gusta o les deja de gustar.
- Recuerda hablar de las virtudes casi mágicas de las neuronas espejo: Un ejemplo, "Las neuronas espejo son la base de la empatía humana, y por tanto de la cultura y la civilización humanas". Fastuoso, pero no hay por donde cogerlo. Las neuronas espejo efectivamente se activan cuando un individuo ve a otro realizar una conducta... pero no ha sido demostrado que esto suceda en seres humanos, tan solo en primates.
En resumen, si puedes añadir hipocampo o giro fusiforme al final de cualquier frase, es posible que ganes la discusión de turno.
Y tras este interesante texto que he querido compartir con vosotros, querría reflexionar un poco acerca de él. Lo primero que me viene a la mente es la ingente cantidad de prensa no especializada y noticiarios televisivos que se hacen eco de no-noticias y en lugar de presentar los avances científicos como lo que son, que no es ni mucho menos poco, en un formato que sea apetecible para su público para así formar a la población y mantenerla verdaderamente informada, lo que hacen es inflar los titulares y sacar sus propias conclusiones, normalmente infundadas pero mucho más vistosas, y hacerse eco de charlatanes disfrazados de científicos a los que además se les atribuye la etiqueta de "la ciencia ha demostrado", como si toda la comunidad científica se hubiera puesto de acuerdo.
Si estos titulares fueran ciertos el ser humano dispondría probablemente de los secretos más escondidos del funcionamiento de este universo nuestro desde hace ya tiempo. Lo peor es que existen pocos programas televisivos serios dedicados a la ciencia en general o a disciplinas particulares, y los que hay tienden a ser bastante desconocidos. En prensa podemos encontrar muchas más publicaciones dedicadas a ello pero las que podemos encontrar en quioscos no pasan del Quo o el Muy Interesante.
Si se me permite la inferencia, esto a la larga hace que el espectador/lector medio posea un bagaje científico muy superficial, que le hace capaz de mencionar conceptos como los citados, neuronas espejo, ínsula, circunvolución, etcétera. Los mencionan, sí, y entienden a nivel muy básico cual es la función de cada uno de estos elementos, pero no deja de ser un conocimiento plagado de errores y desinformación.
Entiéndase aquí que no pretendo que el ciudadano medio tenga un amplio conocimiento de toda disciplina científica existente, sería imposible. Pero los medios no especializados deberían ser conscientes de lo que pueden y no pueden hacer, y tener en nómina a un equipo científico que les "traduzca" las notícias científicas para así publicar titulares serios y artículos verídicos, sin sensacionalismos. Pero ¿a quién quiero engañar? Vivimos en la época del clickbait, el anzuelo de clics, una práctica consistente en crear titulares lo más vistosos posibles para generar cuantas más visitas posibles, sin tener en cuenta que sean acertados o siquiera sean ciertos. Periodismo del s.XXI, me temo.
Así pues, recae sobre el propio ciudadano la tarea de ser consciente de la situación, y tener claro que sabemos y que no. Leer tres o cuatro párrafos en un medio no especializado que habla sobre neurociencia no nos convierte en neurólogos, y por tanto tendríamos que cuidarnos de hablar después como si fuésemos expertos. Me pongo a mí mismo como ejemplo, leo bastante acerca de física cuántica, es un tema extremadamente curioso, pero en la vida se me ocurriría pensar que realmente sé algo de este tema. El saber científico se forja con tiempo, dedicación y esfuerzo, y cambia día a día, siendo pocas las veces en que un descubrimiento o invención es tan drástico que revoluciona su campo de la noche al día.
Eso sí, si queremos quedarnos con el otro, seguro que mediante los neurogalimatías lo conseguimos.
Fuentes:
How to win any argument: pseudo-scientific neuro-gibberish, por Jules Montague
Superfluous Neuroscience Information Makes Explanations of Psychological Phenomena More Appealing, por Diego Fernandez-Duque, Jessica Evans, Colton Christian, and Sara D. Hodges.Si se me permite la inferencia, esto a la larga hace que el espectador/lector medio posea un bagaje científico muy superficial, que le hace capaz de mencionar conceptos como los citados, neuronas espejo, ínsula, circunvolución, etcétera. Los mencionan, sí, y entienden a nivel muy básico cual es la función de cada uno de estos elementos, pero no deja de ser un conocimiento plagado de errores y desinformación.
Entiéndase aquí que no pretendo que el ciudadano medio tenga un amplio conocimiento de toda disciplina científica existente, sería imposible. Pero los medios no especializados deberían ser conscientes de lo que pueden y no pueden hacer, y tener en nómina a un equipo científico que les "traduzca" las notícias científicas para así publicar titulares serios y artículos verídicos, sin sensacionalismos. Pero ¿a quién quiero engañar? Vivimos en la época del clickbait, el anzuelo de clics, una práctica consistente en crear titulares lo más vistosos posibles para generar cuantas más visitas posibles, sin tener en cuenta que sean acertados o siquiera sean ciertos. Periodismo del s.XXI, me temo.
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| Emm... no. |
Así pues, recae sobre el propio ciudadano la tarea de ser consciente de la situación, y tener claro que sabemos y que no. Leer tres o cuatro párrafos en un medio no especializado que habla sobre neurociencia no nos convierte en neurólogos, y por tanto tendríamos que cuidarnos de hablar después como si fuésemos expertos. Me pongo a mí mismo como ejemplo, leo bastante acerca de física cuántica, es un tema extremadamente curioso, pero en la vida se me ocurriría pensar que realmente sé algo de este tema. El saber científico se forja con tiempo, dedicación y esfuerzo, y cambia día a día, siendo pocas las veces en que un descubrimiento o invención es tan drástico que revoluciona su campo de la noche al día.
Eso sí, si queremos quedarnos con el otro, seguro que mediante los neurogalimatías lo conseguimos.
Fuentes:
How to win any argument: pseudo-scientific neuro-gibberish, por Jules Montague
The Neurons that Shaped Civilization, por Vilayanur Ramachandran.
viernes, 10 de febrero de 2017
Hablemos de sexo
Sexo normal. Al sexo lo conocemos todos, a la normalidad no estoy tan seguro. Se supone que lo normal es aquello más frecuente, más típico, lo más repetido. El problema es que esto es válido a nivel estadístico, matemático, pero que una cosa no sea normal no quiere decir que se la deba considerar automáticamente anormal, puede que simplemente sea menos habitual.
Podemos ir más allá y hablar de otro tipo de conductas como las parafilias, el sadomasqouismo, intercambios de pareja o el sexo oral, algunas de las cuales pueden parecer de origen muy reciente, hasta que uno investiga y se da cuenta de que la mayoría se vienen practicando desde tiempos inmemoriales. Además, todo lo dicho les puede encantar a unos mientras que a otros les resulta desagradable. Como vemos, lo normal empieza a ser un concepto bastante difuso.
Al final, lo normal en la sexualidad de cada uno es lo que a nosotros nos guste, y es que nadie tiene, o no debería tener, derecho a decidir sobre nosotros en este aspecto. De todas las posibilidades que se nos presenten, podemos elegir experimentar aquellas por las que tengamos interés o curiosidad, siempre respetando a nuestro compañero/a, por lo que la comunicación es muy importante, más de lo que algunos pudieran imaginar.
Lo mismo se puede decir de la forma de vivir el sexo, las parejas que nos atraen, el lugar escogido, el número de parejas. Existe en todo ello mucha más variedad de lo que creemos y a veces la gente se sorprende cuando les gustan los hombres con mucho pelo o la mujeres de pechos pequeños, por dar algún ejemplo, y esa sorpresa viene en parte motivada al darse cuenta de que les gustan individuos que no corresponden con el canon de belleza que nos presentan en televisión, revistas y demás.
Por cierto, que todo lo dicho no se aplica solamente al tipo de conducta, sino también a la frecuencia o duración de las mismas. El sexo como decíamos está muy presente en nuestra sociedad, pero lo está de una forma superficial. La inmensa mayoría de la población tiende a comparar sus conductas con los modelos expuestos en el mass media, que muchas veces dejan bastante que desear por cierto. Debido a esto podemos encontrar individuos que sienten que practican poco sexo y otros que al contrario piensan que lo realizan mucho, cuando en numerosas ocasiones no es cierto ni lo uno ni lo otro. La única verdad es que si uno puede olvidar las ideas preconcebidas y preguntarse así mismo si está satisfecho, encontrará la respuesta.
Hay gente que posee un gran impulso sexual, que piensa mucho en ello y lo hace siempre que tiene oportunidad. No hay nada malo en ello, pero también hay que recordar que lo mismo se puede decir de aquellos quienes solo sienten ganas cada cierto tiempo, e incluso podemos encontrar individuos que no poseen ningún deseo sexual en absoluto, los llamados asexuales.
En cualquier caso, y si estamos preocupados por nuestra conducta sexual o la de algún conocido, la primera pregunta que debemos hacernos es la misma que en todos los casos donde sospechemos de algún trastorno psicológico: ¿Afecta al normal funcionamiento del individuo o de aquellos que le rodean? Si la respuesta es afirmativa, es decir, si la conducta se da hasta tal punto que la persona abandona sus obligaciones, se obsesiona, se deprime porque no consigue lo que quiere, o si se da cualquier otra circunstancia que haga que cumpla la definición de "afecta al normal funcionamiento", en ese caso deberíamos plantearnos la búsqueda de ayuda psicológica, y mejor si es especializada en este ámbito.
Dejando de lado esto último y volviendo al tono optimista, llegamos con todo lo dicho a una conclusión: para gustos...
El tema aquí es que tendemos a pensar que lo normal es lo aceptable, y que el resto es raro, extraño y puede que hasta nos resulte desagradable, más si estamos hablando de conductas humanas y sobre todo en cuanto a conducta sexual se refiere.
Lo cierto es que en este ámbito podemos encontrar una variedad de comportamientos casi tan grande como la población humana en sí, aunque es cierto que algunas de esas conductas se dan con más frecuencia que otras. Aun así normalmente no conocemos los detalles de la vida sexual de nuestros amigos o vecinos, y es que el sexo no es precisamente una conversación que resulte cómoda para todos, aunque parezca estar presente en todas partes.
Lo cierto es que en este ámbito podemos encontrar una variedad de comportamientos casi tan grande como la población humana en sí, aunque es cierto que algunas de esas conductas se dan con más frecuencia que otras. Aun así normalmente no conocemos los detalles de la vida sexual de nuestros amigos o vecinos, y es que el sexo no es precisamente una conversación que resulte cómoda para todos, aunque parezca estar presente en todas partes.
¿No es paradójico? La sociedad nos presenta el sexo por todas partes, televisión, cine, literatura, videojuegos, anuncios, etc. Nuestra sociedad posee una industria basada específicamente en el sexo, la industria pornográfica, la cual mueve millones, y a pesar de ello una gran mayoría no habla de su sexualidad abiertamente. ¡Ojo! Si que es habitual oír a los demás hablar de sexo en general, como tema serio o bromeando al respecto, pero no se suele hablar de la vida sexual de cada uno, excepto en casos contados.
Quizás es por eso que percibimos la realidad sexual de forma un tanto distorsionada, de modo que conocemos nuestra vida sexual, lo que nos gusta y motiva, y luego percibimos unos gustos y deseos "globales" de la sociedad en conjunto, que es con lo que generalmente comparamos los nuestros para saber en que medida somos normales o raros.
Ahora bien, si cada uno se compara con esa percepción en conjunto, ¿hasta que punto podemos estar seguro de qué es normal y qué no en la sexualidad de la población humana en general? El problema se agrava además cuando descubrimos que muchas de las prácticas sexuales que entendemos como habituales no lo eran en otras épocas, pues los cambios en la sociedad también se reflejan en esta esfera de la vida humana.
Por ejemplo, la orientación sexual. La homosexualidad, la bisexualidad y en general toda orientación que no sea la heterosexual, han sido consideradas por muchas culturas como algo reprochable, incluso como un síntoma o consecuencia de trastorno mental, y que por tanto merecían ser castigadas o intentar ser curadas, según estos respectivos puntos de vista. El enfoque respecto a ello en la sociedad hoy en día es bastante distinto, como ya sabemos.
Otro tema sobre el que merece la pena detenerse un momento es la masturbación, empleada en la Grecia antigua por los maestros para iniciar a los pupilos en el sexo, cosa que hoy en día nos parecería inconcebible, y en muchos casos incluso ilegal. Por supuesto no podemos olvidar la represión ejercida por las figuras religiosas hasta no hace tanto, que consideraban el mencionado acto masturbatorio como pecado, al percibirse el sexo como un medio para procrear y poco más.
Otro tema sobre el que merece la pena detenerse un momento es la masturbación, empleada en la Grecia antigua por los maestros para iniciar a los pupilos en el sexo, cosa que hoy en día nos parecería inconcebible, y en muchos casos incluso ilegal. Por supuesto no podemos olvidar la represión ejercida por las figuras religiosas hasta no hace tanto, que consideraban el mencionado acto masturbatorio como pecado, al percibirse el sexo como un medio para procrear y poco más.
Podemos ir más allá y hablar de otro tipo de conductas como las parafilias, el sadomasqouismo, intercambios de pareja o el sexo oral, algunas de las cuales pueden parecer de origen muy reciente, hasta que uno investiga y se da cuenta de que la mayoría se vienen practicando desde tiempos inmemoriales. Además, todo lo dicho les puede encantar a unos mientras que a otros les resulta desagradable. Como vemos, lo normal empieza a ser un concepto bastante difuso.
Al final, lo normal en la sexualidad de cada uno es lo que a nosotros nos guste, y es que nadie tiene, o no debería tener, derecho a decidir sobre nosotros en este aspecto. De todas las posibilidades que se nos presenten, podemos elegir experimentar aquellas por las que tengamos interés o curiosidad, siempre respetando a nuestro compañero/a, por lo que la comunicación es muy importante, más de lo que algunos pudieran imaginar.
Lo mismo se puede decir de la forma de vivir el sexo, las parejas que nos atraen, el lugar escogido, el número de parejas. Existe en todo ello mucha más variedad de lo que creemos y a veces la gente se sorprende cuando les gustan los hombres con mucho pelo o la mujeres de pechos pequeños, por dar algún ejemplo, y esa sorpresa viene en parte motivada al darse cuenta de que les gustan individuos que no corresponden con el canon de belleza que nos presentan en televisión, revistas y demás.
Por cierto, que todo lo dicho no se aplica solamente al tipo de conducta, sino también a la frecuencia o duración de las mismas. El sexo como decíamos está muy presente en nuestra sociedad, pero lo está de una forma superficial. La inmensa mayoría de la población tiende a comparar sus conductas con los modelos expuestos en el mass media, que muchas veces dejan bastante que desear por cierto. Debido a esto podemos encontrar individuos que sienten que practican poco sexo y otros que al contrario piensan que lo realizan mucho, cuando en numerosas ocasiones no es cierto ni lo uno ni lo otro. La única verdad es que si uno puede olvidar las ideas preconcebidas y preguntarse así mismo si está satisfecho, encontrará la respuesta.
Hay gente que posee un gran impulso sexual, que piensa mucho en ello y lo hace siempre que tiene oportunidad. No hay nada malo en ello, pero también hay que recordar que lo mismo se puede decir de aquellos quienes solo sienten ganas cada cierto tiempo, e incluso podemos encontrar individuos que no poseen ningún deseo sexual en absoluto, los llamados asexuales.
En cualquier caso, y si estamos preocupados por nuestra conducta sexual o la de algún conocido, la primera pregunta que debemos hacernos es la misma que en todos los casos donde sospechemos de algún trastorno psicológico: ¿Afecta al normal funcionamiento del individuo o de aquellos que le rodean? Si la respuesta es afirmativa, es decir, si la conducta se da hasta tal punto que la persona abandona sus obligaciones, se obsesiona, se deprime porque no consigue lo que quiere, o si se da cualquier otra circunstancia que haga que cumpla la definición de "afecta al normal funcionamiento", en ese caso deberíamos plantearnos la búsqueda de ayuda psicológica, y mejor si es especializada en este ámbito.
Dejando de lado esto último y volviendo al tono optimista, llegamos con todo lo dicho a una conclusión: para gustos...
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martes, 13 de diciembre de 2016
Psicología Pop: La caja de Skinner en Perdidos
Una tendencia muy de moda hoy en día es intentar analizar personajes y situaciones de la cultura Pop usando la psicología, pero es una moda en cierta manera peligrosa. Estos análisis tienden a ser superficiales pero luego suelen ser presentados como algo serio, llegando normalmente a un diagnóstico que la mayoría de las veces en realidad es imposible y poco acertado.
La verdad es que un diagnóstico requiere tiempo, paciencia y acceso directo al evaluado, con el que el especialista hablará en varias ocasiones y con el que usará cuestionarios y test psicométricos. Así pues, cuando realizamos estas parodias de evaluaciones con personajes ficticios de un libro o película no se puede llegar a una conclusión con fundamento. Por ejemplo de Darth Vader he oído de todo: Trastorno de personalidad límite, Prosopagnosia, etc.
No quisiera que se me malinterpretase, no estoy totalmente en contra de este uso del saber psicológico, pero la nuestra es una disciplina a la que por varias razones le ha costado mucho ganarse su credibilidad y es por ello que no me gusta verla en riesgo. Creo no obstante que los eventos y personajes ficticios pueden ser usados para ilustrar los diversos fenómenos psicológicos, siempre y cuando se deje bien claro que lo que se está explicando es un ejemplo y no un diagnóstico certero y real.
Una vez explicado esto quisiera hablar hoy de las Cajas de Skinner o Cámaras de Condicionamiento Operante, un instrumento de investigación inventado por BF Skinner, célebérrimo psicólogo que le da nombre. Estas cajas se usan para estudiar el comportamiento de un animal y como este aprende. Dentro de la caja hay al menos un mecanismo que permite al animal adquirir un estímulo positivo, generalmente comida, cuando lo acciona. La idea es que con cada repetición de la acción que activa el mecanismo el animal aprende mejor que esto le da acceso a la comida, por lo que con cada repetición de la situación realizará dicha acción más rápidamente, hasta llegar a un punto en que lo hará casi al instante.
Existen muchos ejemplos de estas cajas pero estoy seguro de que muchos lectores la vieron en una serie muy famosa si saber de que se trataba exactamente. Hablo de Perdidos (Lost), donde pudimos al pobre Sawyer encerrado en una gigantesca Caja de Skinner.
En este caso la "caja" era usada como celda para el pobre Sawyer, pero en el pasado había sido usada para la investigación con osos polares y es por ello que aún tiene en su interior los mecanismos, en este caso bastante complejos. Para obtener el alimento los pobres osos debían tener pulsado un pedal, luego presionar un botón y por último una palanca.
Lamentablemente para el pobre Sawyer, lo que obtiene no es comida humana si no pienso y galletas para los osos.
Hay que decir que en la realidad Skinner nunca aplicó este tipo de experimentos con humanos, ni con animales tan grandes, usando normalmente palomas, ratones, gatos o similares. No obstante existen ciertas leyendas que dicen que sí uso este instrumento en su propia hija, de las que seguro hablaré otro día. Espero que os haya gustado el ejemplo, os dejo el vídeo entero por si queréis ver la caja en funcionamiento,
La verdad es que un diagnóstico requiere tiempo, paciencia y acceso directo al evaluado, con el que el especialista hablará en varias ocasiones y con el que usará cuestionarios y test psicométricos. Así pues, cuando realizamos estas parodias de evaluaciones con personajes ficticios de un libro o película no se puede llegar a una conclusión con fundamento. Por ejemplo de Darth Vader he oído de todo: Trastorno de personalidad límite, Prosopagnosia, etc.
No quisiera que se me malinterpretase, no estoy totalmente en contra de este uso del saber psicológico, pero la nuestra es una disciplina a la que por varias razones le ha costado mucho ganarse su credibilidad y es por ello que no me gusta verla en riesgo. Creo no obstante que los eventos y personajes ficticios pueden ser usados para ilustrar los diversos fenómenos psicológicos, siempre y cuando se deje bien claro que lo que se está explicando es un ejemplo y no un diagnóstico certero y real.
Una vez explicado esto quisiera hablar hoy de las Cajas de Skinner o Cámaras de Condicionamiento Operante, un instrumento de investigación inventado por BF Skinner, célebérrimo psicólogo que le da nombre. Estas cajas se usan para estudiar el comportamiento de un animal y como este aprende. Dentro de la caja hay al menos un mecanismo que permite al animal adquirir un estímulo positivo, generalmente comida, cuando lo acciona. La idea es que con cada repetición de la acción que activa el mecanismo el animal aprende mejor que esto le da acceso a la comida, por lo que con cada repetición de la situación realizará dicha acción más rápidamente, hasta llegar a un punto en que lo hará casi al instante.
Existen muchos ejemplos de estas cajas pero estoy seguro de que muchos lectores la vieron en una serie muy famosa si saber de que se trataba exactamente. Hablo de Perdidos (Lost), donde pudimos al pobre Sawyer encerrado en una gigantesca Caja de Skinner.
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| En este caso una jaula de Skinner |
En este caso la "caja" era usada como celda para el pobre Sawyer, pero en el pasado había sido usada para la investigación con osos polares y es por ello que aún tiene en su interior los mecanismos, en este caso bastante complejos. Para obtener el alimento los pobres osos debían tener pulsado un pedal, luego presionar un botón y por último una palanca.
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| El susodicho botón |
Lamentablemente para el pobre Sawyer, lo que obtiene no es comida humana si no pienso y galletas para los osos.
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| Que la disfrutes |
Hay que decir que en la realidad Skinner nunca aplicó este tipo de experimentos con humanos, ni con animales tan grandes, usando normalmente palomas, ratones, gatos o similares. No obstante existen ciertas leyendas que dicen que sí uso este instrumento en su propia hija, de las que seguro hablaré otro día. Espero que os haya gustado el ejemplo, os dejo el vídeo entero por si queréis ver la caja en funcionamiento,
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