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viernes, 24 de marzo de 2017

Hablemos sobre la asexualidad

Hoy querría hablar de la asexualidad y de su auténtica naturaleza, sobre la cual los especialistas llevan años debatiendo. Una persona asexual es aquella que no siente impulso o necesidad sexual y por tanto tiende a no presentar conductas sexuales, aunque sí puede realizarlas por diversos motivos como complacer a su pareja o tener hijos. Por tanto es muy diferente de la abstinencia o el celibato, ya que estos se basan en una creencia y elecciones personales mientras que ser asexual implica falta de deseo.

La asexualidad ha sido considerada un trastorno mental, una disfunción sexual e incluso una parafilia. No todas las interpretaciones son claro está, tan sombrías, ya que también se la ha definido como una orientación sexual. No obstante, sabemos relativamente poco sobre la asexualidad ya que ha sido ignorada por la investigación durante años, considerándola poco más que una rareza, aunque por suerte cada vez recibe más atención en este sentido.


Vayamos por partes. ¿Es un trastorno mental? Esta es fácil de responder, ya que claramente no lo es. Según los datos que se han ido recopilando y según la definición actual de trastorno mental no respondería a esta definición, no siendo ni un trastorno ni un síntoma psicológico o psiquiátrico. Tengamos en cuenta que un trastorno mental se define como un patrón de comportamiento y/o pensamiento que posee significación clínica, es decir que produce malestar de algún tipo en la persona, le perjudica de alguna forma limitando alguna de sus capacidades, o que aumenta significativamente su riesgo de morir o dañar su salud.

Dado que la asexualidad no produce de forma directa ningún perjuicio en el individuo ni en quienes le rodean, y que simplemente define una forma particular de sentir su sexualidad (o en este caso, la ausencia de ella), no podría ser considerada un trastorno. Ahora bien, se podría argumentar que ser asexual sí produce en la persona en cuestión ciertos perjuicios, ya que por ejemplo puede sentirse desplazado en la sociedad, poco comprendido, no sentirse capaz de corresponder a sus parejas sentimentales, etc. Por eso es que vale la pena señalar que a pesar de lo dicho ciertos estudios sí han encontrado una relación entre la asexualidad y  la aparición de síntomas psicológicos, sobre todo en el área afectiva y emocional. Aquí el problema no residiría tanto en la persona sino en la concepción que la sociedad tiene de estos individuos, a los que se estigmatiza y se les juzga, muchas veces ignorando la forma en que se sienten y asumiendo que reprimen sus deseos sexuales por algún trauma, por hacerse los interesantes, o por cualquier otro motivo.

Fuente de la imágen: Jeffrey

Frases que los asexuales escuchan demasiadas son "será que no has encontrado una persona que te guste" o "eso no es normal, te debe pasar algo malo". En suma, podemos afirmar que los asexuales como grupo suelen tener que soportar una mayor presión psicológica, así que es natural que sufran de mayor sintomatología a este respecto, además de sufrirla durante más tiempo debido a la falta de apoyo y aceptación social, y no por estar mentalmente enfermos.

Segunda pregunta, ¿es una disfunción sexual? Una vez más, conviene recordar la definición de este término. Entendemos por disfunción sexual la dificultad permanente o temporal que sufre un individuo durante una o varias de las etapas del acto sexual, y que le impide disfrutar de dicha actividad de forma normal. Sin embargo la investigación nos indica que la capacidad para desarrollar la actividad sexual no está afectada en estas personas, y que simplemente no sufren al no tener relaciones pues no están refrenando sus impulsos. Por ello no podemos considerar que tengan un problema en sus relaciones sexuales, simplemente no necesitan esas relaciones.

Revisemos pues si se trata quizás de una parafilia. Una parafilia es un tipo de comportamiento sexual en que predomina como fuente de placer un elemento concreto, que puede ser un objeto, situación, actividad, característica de las parejas, parte del cuerpo o cualquier otro que pueda repetirse y buscarse activamente para excitarse. Bien, este caso debería ser aún más claro que los anteriores y la respuesta a si la asexualidad es una parafilia será que... ¿a veces? Si esperabais un rotundo no, siento decepcionaros, pues la evidencia experimental indica en este caso que algunos, que no todos, de los individuos que se identifican como asexuales pueden en realidad sentir un interés sexual muy concreto.

La investigación científica al respecto nos dice que algunos de estos autodenominados asexuales manifiestan conductas masturbatorias y fantasías sexuales. Eso sí, dichas fantasías son bastante distintas de las de los individuos que presentan conductas sexuales más típicas. Por ejemplo, estos "asexuales" parecen tender menos a imaginarse a ellos mismos como partícipes de dichas fantasías, mientras que fantasean más a menudo con personajes ficticios, sintiendo pues mayor desconexión entre la fantasía y la realidad.

Sin embargo, hay que matizar, pues lo anterior no se aplicaría a la mayoría de los sujetos que se califican de asexuales, sino tan solo a un pequeño subgrupo de los mismos. Este pequeño grupo debería ser investigado en profundidad para que podamos entenderlo mejor, y es que como vemos aunque cada día sabemos más de la sexualidad humana aún nos queda mucho por descubrir.

Finalmente, ¿se trata la asexualidad de una orientación sexual? Ahora sí hablaríamos de los auténticos asexuales, aquellos que no sienten ningún impulso sexual. Definimos la orientación sexual de una persona como su tendencia sexual hacia un determinado grupo de personas en base normalmente al sexo de este grupo. Hablaríamos aquí, entre otras, de heterosexualiad, homosexualidad y bisexualidad, así que, ¿donde quedaría la asexualidad?

El problema es que estamos ante una definición cambiante, que se va ampliando o modificando según la investigación nos ofrece nuevos datos, por lo que efectivamente algunos expertos consideran la asexualidad como una orientación muy particular, mientras que otros la definen como la ausencia de orientación. Quizás llegados a este punto estemos simplemente jugando con la semántica, pero la verdad es que sabemos muy poco de la asexualidad, debido a que como antes dije se le ha venido prestando escasa atención en la investigación hasta la fecha.


Por suerte esto empieza a cambiar y por ejemplo ahora sabemos que factores biológicos similares a los de la homosexualidad pueden estar relacionados también con la asexualidad, por lo que esta podría ser una característica del individuo determinada al nacer. Aunque queda investigar más, corroborar los resultados y esclarecer su significado, lo que sí sabemos seguro que la asexualidad aparece en la persona a una edad similar a la que debería aparecer la orientación normalmente, pudiendo resultar complicada de asimilar para el sujeto si este carece de información al respecto, como lamentablemente pasa a menudo. Por ello me gustaría aclarar algunas creencias erróneas que se suelen tener respecto a la asexualidad:

  • Se trata de una fase: No, no se trata de una persona cuya sexualidad tarda en madurar más, sino de alguien que ha definido su orientación sexual como inexistente debido a su falta de deseo.
  • Es producto de un trauma, como haber sufrido abusos en la infancia: No, los traumas producidos por abusos sexuales como mucho producen en la persona un rechazo a la sexualidad, temor o asco, mientras que los asexuales simplemente no sienten atracción ni impulso sexual.
  • Se debe a la represión sexual: Tampoco. La represión tendría por consecuencia la abstinencia o el celibato, pero la asexualidad es la inexistencia del impulso sexual, lo cual no puede ser controlado por el individuo de ninguna forma.
  • Una mala experiencia en pareja puede convertirte en asexual: Negativo, la asexualidad tiene su origen en una edad temprana, como el resto de orientaciones sexuales. Una mala relación nos podría hacer desconfiados respecto a futuras parejas o hacia los demás en general, afectando quizás a nuestra sexualidad pero se trataría de dos conceptos muy distintos.
  • Es un intento por captar la atención de los demás o sentirse especial: Aunque es de suponer que podría darse el caso, en general las personas que son verdaderamente asexuales tan solo necesitan que se les comprenda y no se les tache de excéntricos de enfermos. Uno no elige ser asexual, lo es sin más, y no se debería hacer un problema de ello.
  • Es un trastorno mental, una disfunción sexual o una filia: Negativo en los tres casos, con los matices ya comentados antes.
  • La asexualidad se debe a que la persona es homosexual y no lo acepta: Una vez más, esto es un mito. La asexualidad existe y si la confundimos con otros términos y conceptos es precisamente ha que ha sido olvidad e ignorada por la sociedad durante mucho, demasiado, tiempo. Un homosexual que se reprima sentirá impulso, mientras que el asexual no necesita reprimir nada. El primero sufrirá al tener que contenerse, el segundo no tiene nada que contener.

Otro aspecto que sería interesante estudiar en cuanto a la sexualidad se refiere es si poseen fluidez sexual en el mismo sentido que aquellos con impulsos sexuales típicos. Entendemos por fluidez sexual los cambios que una persona puede experimentar en su orientación sexual o en sus preferencias a lo largo de la vida. Hay que tener muy en cuenta que las etiquetas usadas normalmente cuando hablamos de sexología, como heterosexual o homosexual responden a un sentido práctico y tienen por fin poder hablar de estos temas de una forma clara, pero la realidad es que un individuo puede poseer una orientación que no acabe de encajar con esas etiquetas (aunque van surgiendo cada vez más para denominar todo tipo de formas de sentir y vivir la sexualidad de cada uno) y aquí es donde entra la fluidez sexual.

Por ejemplo, un individuo que siempre se ha considerado heterosexual y presentaba conductas coherentes con esa definición podría en cierto momento realizar una conducta homosexual y no por ello sentirse a partir de ese momento homosexual. Sin embargo, es posible que a partir de ese momento tampoco se considere heterosexual de la misma forma en que lo venía entendiendo hasta ese momento, ni bisexual pues en general sí se sigue sintiendo atraído mayormente por individuos del sexo opuesto.

Como vemos, es un tema complejo y si aplicamos este concepto a la asexualidad obtenemos otras categorías como la grisexualidad, término que define a quienes se encuentran entre la asexualidad y la sexualidad (o alosexualidad), como pueden ser las personas que en general no sienten atracción pero en ocasiones muy contadas sí la sienten. Queda mucho por hablar y que decir, así que volveré más adelante con este tema y otros relacionados.

Fuentes:
Diario de una asexual
http://www.lehmiller.com/blog/2016/9/7/is-asexuality-a-sexual-orientation?platform=hootsuite
https://link.springer.com/article/10.1007/s10508-016-0802-7
http://www.lehmiller.com/blog/2015/1/31/do-asexual-people-masturbate-and-have-sexual-fantasies
http://www.lehmiller.com/blog/2014/5/23/sex-question-friday-where-does-asexuality-come-from
http://www.lehmiller.com/blog/2014/2/24/women-arent-the-only-ones-who-are-sexually-fluidmen-have-a-pretty-flexible-sexuality-too
https://es.wikipedia.org/wiki/Gris-asexualidad
https://www.facebook.com/AcesUnited?fref=ts
http://es.asexuality.org/wiki/index.php?title=Las_personas_(asexuales)_y_el_sexo
http://es.asexuality.org/wiki/index.php?title=Hiposexual
http://diariosdeasexualidad.blogspot.com.es



viernes, 10 de febrero de 2017

Hablemos de sexo

Sexo normal. Al sexo lo conocemos todos, a la normalidad no estoy tan seguro. Se supone que lo normal es aquello más frecuente, más típico, lo más repetido. El problema es que esto es válido a nivel estadístico, matemático, pero que una cosa no sea normal no quiere decir que se la deba considerar automáticamente anormal, puede que simplemente sea menos habitual.

El tema aquí es que tendemos a pensar que lo normal es lo aceptable, y que el resto es raro, extraño y puede que hasta nos resulte desagradable, más si estamos hablando de conductas humanas y sobre todo en cuanto a conducta sexual se refiere.

Lo cierto es que en este ámbito podemos encontrar una variedad de comportamientos casi tan grande como la población humana en sí, aunque es cierto que algunas de esas conductas se dan con más frecuencia que otras. Aun así normalmente no conocemos los detalles de la vida sexual de nuestros amigos o vecinos, y es que el sexo no es precisamente una conversación que resulte cómoda para todos, aunque parezca estar presente en todas partes.

¿No es paradójico? La sociedad nos presenta el sexo por todas partes, televisión, cine, literatura, videojuegos, anuncios, etc. Nuestra sociedad posee una industria basada específicamente en el sexo, la industria pornográfica, la cual mueve millones, y a pesar de ello una gran mayoría no habla de su sexualidad abiertamente. ¡Ojo! Si que es habitual oír a los demás hablar de sexo en general, como tema serio o bromeando al respecto, pero no se suele hablar de la vida sexual de cada uno, excepto en casos contados.


Quizás es por eso que percibimos la realidad sexual de forma un tanto distorsionada, de modo que conocemos nuestra vida sexual, lo que nos gusta y motiva, y luego percibimos unos gustos y deseos "globales" de la sociedad en conjunto, que es con lo que generalmente comparamos los nuestros para saber en que medida somos normales o raros.

Ahora bien, si cada uno se compara con esa percepción en conjunto, ¿hasta que punto podemos estar seguro de qué es normal y qué no en la sexualidad de la población humana en general? El problema se agrava además cuando descubrimos que muchas de las prácticas sexuales que entendemos como habituales no lo eran en otras épocas, pues los cambios en la sociedad también se reflejan en esta esfera de la vida humana.

Por ejemplo, la orientación sexual. La homosexualidad, la bisexualidad y en general toda orientación que no sea la heterosexual, han sido consideradas por muchas culturas como algo reprochable, incluso como un síntoma o consecuencia de trastorno mental, y que por tanto merecían ser castigadas o intentar ser curadas, según estos respectivos puntos de vista. El enfoque respecto a ello en la sociedad hoy en día es bastante distinto, como ya sabemos.

Otro tema sobre el que merece la pena detenerse un momento es la masturbación, empleada en la Grecia antigua por los maestros para iniciar a los pupilos en el sexo, cosa que hoy en día nos parecería inconcebible, y en muchos casos incluso ilegal. Por supuesto no podemos olvidar la represión ejercida por las figuras religiosas hasta no hace tanto, que consideraban el mencionado acto masturbatorio como pecado, al percibirse el sexo como un medio para procrear y poco más.

Podemos ir más allá y hablar de otro tipo de conductas como las parafilias, el sadomasqouismo, intercambios de pareja o el sexo oral, algunas de las cuales pueden parecer de origen muy reciente, hasta que uno investiga y se da cuenta de que la mayoría se vienen practicando desde tiempos inmemoriales. Además, todo lo dicho les puede encantar a unos mientras que a otros les resulta desagradable. Como vemos, lo normal empieza a ser un concepto bastante difuso.

Al final, lo normal en la sexualidad de cada uno es lo que a nosotros nos guste, y es que nadie tiene, o no debería tener, derecho a decidir sobre nosotros en este aspecto. De todas las posibilidades que se nos presenten, podemos elegir experimentar aquellas por las que tengamos interés o curiosidad, siempre respetando a nuestro compañero/a, por lo que la comunicación es muy importante, más de lo que algunos pudieran imaginar.

Lo mismo se puede decir de la forma de vivir el sexo, las parejas que nos atraen, el lugar escogido, el número de parejas. Existe en todo ello mucha más variedad de lo que creemos y a veces la gente se sorprende cuando les gustan los hombres con mucho pelo o la mujeres de pechos pequeños, por dar algún ejemplo, y esa sorpresa viene en parte motivada al darse cuenta de que les gustan individuos que no corresponden con el canon de belleza que nos presentan en televisión, revistas y demás.

Por cierto, que todo lo dicho no se aplica solamente al tipo de conducta, sino también a la frecuencia o duración de las mismas. El sexo como decíamos está muy presente en nuestra sociedad, pero lo está de una forma superficial. La inmensa mayoría de la población tiende a comparar sus conductas con los modelos expuestos en el mass media, que muchas veces dejan bastante que desear por cierto. Debido a esto podemos encontrar individuos que sienten que practican poco sexo y otros que al contrario piensan que lo realizan mucho, cuando en numerosas ocasiones no es cierto ni lo uno ni lo otro. La única verdad es que si uno puede olvidar las ideas preconcebidas y preguntarse así mismo si está satisfecho, encontrará la respuesta.

Hay gente que posee un gran impulso sexual, que piensa mucho en ello y lo hace siempre que tiene oportunidad. No hay nada malo en ello, pero también hay que recordar que lo mismo se puede decir de aquellos quienes solo sienten ganas cada cierto tiempo, e incluso podemos encontrar individuos que no poseen ningún deseo sexual en absoluto, los llamados asexuales.

En cualquier caso, y si estamos preocupados por nuestra conducta sexual o la de algún conocido, la primera pregunta que debemos hacernos es la misma que en todos los casos donde sospechemos de algún trastorno psicológico: ¿Afecta al normal funcionamiento del individuo o de aquellos que le rodean? Si la respuesta es afirmativa, es decir, si la conducta se da hasta tal punto que la persona abandona sus obligaciones, se obsesiona, se deprime porque no consigue lo que quiere, o si se da cualquier otra circunstancia que haga que cumpla la definición de "afecta al normal funcionamiento", en ese caso deberíamos plantearnos la búsqueda de ayuda psicológica, y mejor si es especializada en este ámbito.

Dejando de lado esto último y volviendo al tono optimista, llegamos con todo lo dicho a una conclusión: para gustos...

... colores.

jueves, 3 de noviembre de 2016

Abuso de menores: Todo lo que deberíamos saber.

Hablar del abuso a menores siempre es algo delicado, ya que se trata de un asunto en extremo complejo donde intervienen multitud de variantes. Esta complejidad y el hecho de que hasta hace poco era un tema tabú para la sociedad, propicia que exista actualmente una peligrosa mezcla de desconocimiento y alarma social, lo que a su vez facilita la aparición de multitud de mitos o falsas creencias que confunden más que ayudan a entender y prevenir este problema. Será necesario pues, hacer llegar la información a todo aquel que la busque. Empezamos por lo básico.

No es raro que se compare a este tipo de abusadores con los violadores de personas adultas, pero de hecho existen muchas diferencias en las formas de actuar y de ser de unos y otros. Los abusadores por ejemplo, son individuos aparentemente mejor integrados en la sociedad, siendo menos evidente que se trata de personas con severos problemas personales. Así mismo, no suelen ser delincuentes habituales, en el sentido de que no tienden a cometer otros tipos de delitos como lo pueden ser los robos y por tanto muchas veces consiguen evitar la encarcelación, los registros policiales y el control judicial. En el caso de los violadores de personas adultas sucede lo contrario, tendiendo estos a ser individuos poco integrados socialmente y a cometer delitos habitualmente, como robos u homicidios.

Incluso dentro de los agresores sexuales de menores podemos encontrar diversos tipos, siendo una de dichas calsificaciones la que distingue entre abusos sexuales simples y la explotación infantil que es una modalidad aún más grave si cabe. En este segundo caso se incluyen aquellas acciones que fuerzan al menor a realizar conductas sexuales con adultos pero por un motivo económico.

También sería conveniente distinguir entre los abusadores sexuales de menores tal cual y los pedófilos. Los primeros pueden verse atraídos normalmente por menores o no, pero de todas formas han cometido el abuso. Los segundos en cambio sí sienten esta atracción habitualmente, aunque esta no tiene porqué expresarse sí o sí en la realidad, pudiendo permanecer toda la vida en el ámbito de las fantasías. Así pues, un pedófilo puede ser abusador o no, y así mismo un abusador puede o no ser pedófilo.



Y ahora que ya hemos comentado lo básico, volvamos al tema de las falsas creencias que antes he comentado. Algunas de las más extendidas son las siguientes:
  • Los abusos sexuales en la infancia son algo poco frecuente: Falso, ya que se calcula que una de cada cuatro mujeres y uno de cada seis hombres han sufrido abusos sexuales durante su infancia. Como vemos, esto no es precisamente algo que suceda "poco frecuentemente".
  • Muchas de testimonios de los menores son mentira: Totalmente falso, ya que las denuncias falsas son menos del 10%, por lo que de cada diez niños que declaren solo uno lo hará en falso, posiblemente influenciado por algún otro adulto que pueda beneficiarse de la situación.
  • Actualmente suceden más casos de este tipo que antaño, siendo este un síntoma de la corrupción moral de la sociedad actual: Falso, ya que si bien es cierto que es desde hace poco que se han empezado a estudiar en profundidad y combatir este tipo de conductas, esto no quiere decir que antes no sucedieran sino que se ocultaban, se encubrían y no se denunciaban.
  • Si se da uno de estos abusos en nuestro entorno, nos daremos cuenta: Lamentablemente suele ser falso, al menos en el mismo momento en que ocurren. La mayoría de abusos se dan en el propio entorno familiar o en todo en un entorno habitual del menor, facilitando esto la ocultación del abuso. Aún así, hasta 3 de cada 10 casos de abuso son cometidos por desconocidos.
  • Las víctimas casi siempre son niñas: Es cierto, pero no a los niveles que muchos suponen ya que en realidad un 40% de las víctimas son niños, casi la mitad.
  • Los abusadores de menores están "locos": Aunque psicológicamente hablando la palabra "loco" no significa nada, pero la mayoría de estos abusadores son individuos aparentemente normales, de inteligencia normal y que no necesariamente sufren psicopatologías que afecten su percepción de la realidad, siendo por tanto conscientes de sus actos. Aún así hay que matizar que es cierto que muchos de estos sujetos tienen una visión sesgada de la sexualidad y de como afectan sus actos a los menores.
  • Los abusos a menores se cometen por la fuerza: Falso, ya que en su mayoría los abusadores usan otros medios, como chantaje emocional, abuso de confianza, engaños, amenazas y trucos.
  • Estos casos se dan solo en los estratos sociales económica o culturalmente empobrecidos: Falso, ya que podemos encontrar casos en cualquier tipo de familias o grupos sociales.
  • A veces son los propios menores los responsables de los abusos: Este no hay por donde cogerlo, siendo en realidad la responsabilidad siempre del agresor. Pongamos un ejemplo complicado, como un menor de quince años que tiene relaciones de algún tipo con una persona de un edad bastante superior. Incluso en un caso como este el único que legalmente tiene una responsabilidad pues se le supone un mayor conocimiento de la situación, es el adulto. No hablemos ya de casos más prototípicos donde la víctima tiene aún menos edad.
  • El menor podría evitar la situación: Verdad a medias, ya que la mayoría de niños son o muy pequeños para entender lo que sucede o bien no poseen información adecuada para reaccionar velozmente. Si tenemos niños a nuestro cargo es buena idea prevenirlos sin asustarlos pero proveyéndoles de información útil al respecto, para que así puedan evitarlo realmente llegado el hipotético momento.
  • Los efectos en la víctima serán muy graves: Sí, merece la pena explicar que la gravedad de los efectos a largo plazo depende de muchos factores, como la detección prematura, la edad de la víctima y la actitud de la familia ante los abusos.

sábado, 22 de octubre de 2016

"Tigre, Tigre" o El punto de vista de la víctima de un pederasta

Hoy os traigo una crítica literaria, sobre un libro que me parece como poco interesante y que trata un tema sobre el que hay pocas novelas, o al menos pocas que hablen sobre ello de una forma realista sin dejar de ser interesante. Hablamos de Tigre, Tigre.

Un día Margaux Fragoso, autor y a la vez protagonista (pues se trata de una autobiografía) conoció a Peter Curran, un hombre que condicionaría en buena parte su futuro. En aquel entonces ella tenía solo 7 años, pero él había pasado ya de los 50. A partir de este primer encuentro, la autor nos acompaña por sus recuerdos y nos ayudará a entender como consiguió este hombre encandilarla, convirtiéndose en una extraña mezcla de amigo, figura paternal y eventualmente compañero sexual. Digo compañero a falta de un término mejor, pues resulta evidente que las acciones del hombre van desde un principio encaminadas a ganarse la confianza de la niña y poder luego abusar de ella sin que esta se de cuenta de lo perverso de la situación.

Seguro que muchos nos hemos sentido estupefactos cuando alguna vez hemos visto en las noticias o en el periódico algún suceso relacionado con esta temática. Estupefactos digo porque hay veces que los abusos se cometen contra menores de edad relativamente avanzada (adolescentes) o bien se perpetran durante varios años y en ambos casos nos puede resultar difícil imaginar como es que ni los adultos que tenían a estos menores a su cargo, ni los menores mismos pudieron darse cuenta de que algo extraño pasaba.

Visto desde fuera es cierto que a veces parece increíble que cosas como esta puedan pasar a nuestro alrededor sin que nos demos cuenta pero la realidad, la triste realidad, es que suceden con relativa frecuencia. Y por eso me parece tan interesante Tigre, Tigre, pues al estar narrado por la propia víctima, Fragoso consigue explicar muy bien como se desarrolló todo en su caso particular. Veremos pues como Curran se introducirá en su vida de forma insidiosa hasta afectar su vida, su desarrollo, su personalidad e incluso su futuro. Años de abuso la transforman de una niña normal a una joven con tendencias suicidas, que se recrimina por algo que nunca fue en realidad culpa suya.

Estas páginas nos ayudarán a entender, desde un punto de vista no académico, no solo las emociones y distorsiones del pensamiento que sufre una víctima de abusos infantiles sino también como actúa y porqué el abusador. Y descuida, esta historia no es solo drama, pues también veremos como la joven cargada de traumas logra superarlos y convertirse finalmente en la autora que nos cuenta su propia historia. Una historia cruel y dura, pero sin caer por ello en la autocompasión y sin tener que mirar atrás necesariamente.

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