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viernes, 24 de marzo de 2017

Hablemos sobre la asexualidad

Hoy querría hablar de la asexualidad y de su auténtica naturaleza, sobre la cual los especialistas llevan años debatiendo. Una persona asexual es aquella que no siente impulso o necesidad sexual y por tanto tiende a no presentar conductas sexuales, aunque sí puede realizarlas por diversos motivos como complacer a su pareja o tener hijos. Por tanto es muy diferente de la abstinencia o el celibato, ya que estos se basan en una creencia y elecciones personales mientras que ser asexual implica falta de deseo.

La asexualidad ha sido considerada un trastorno mental, una disfunción sexual e incluso una parafilia. No todas las interpretaciones son claro está, tan sombrías, ya que también se la ha definido como una orientación sexual. No obstante, sabemos relativamente poco sobre la asexualidad ya que ha sido ignorada por la investigación durante años, considerándola poco más que una rareza, aunque por suerte cada vez recibe más atención en este sentido.


Vayamos por partes. ¿Es un trastorno mental? Esta es fácil de responder, ya que claramente no lo es. Según los datos que se han ido recopilando y según la definición actual de trastorno mental no respondería a esta definición, no siendo ni un trastorno ni un síntoma psicológico o psiquiátrico. Tengamos en cuenta que un trastorno mental se define como un patrón de comportamiento y/o pensamiento que posee significación clínica, es decir que produce malestar de algún tipo en la persona, le perjudica de alguna forma limitando alguna de sus capacidades, o que aumenta significativamente su riesgo de morir o dañar su salud.

Dado que la asexualidad no produce de forma directa ningún perjuicio en el individuo ni en quienes le rodean, y que simplemente define una forma particular de sentir su sexualidad (o en este caso, la ausencia de ella), no podría ser considerada un trastorno. Ahora bien, se podría argumentar que ser asexual sí produce en la persona en cuestión ciertos perjuicios, ya que por ejemplo puede sentirse desplazado en la sociedad, poco comprendido, no sentirse capaz de corresponder a sus parejas sentimentales, etc. Por eso es que vale la pena señalar que a pesar de lo dicho ciertos estudios sí han encontrado una relación entre la asexualidad y  la aparición de síntomas psicológicos, sobre todo en el área afectiva y emocional. Aquí el problema no residiría tanto en la persona sino en la concepción que la sociedad tiene de estos individuos, a los que se estigmatiza y se les juzga, muchas veces ignorando la forma en que se sienten y asumiendo que reprimen sus deseos sexuales por algún trauma, por hacerse los interesantes, o por cualquier otro motivo.

Fuente de la imágen: Jeffrey

Frases que los asexuales escuchan demasiadas son "será que no has encontrado una persona que te guste" o "eso no es normal, te debe pasar algo malo". En suma, podemos afirmar que los asexuales como grupo suelen tener que soportar una mayor presión psicológica, así que es natural que sufran de mayor sintomatología a este respecto, además de sufrirla durante más tiempo debido a la falta de apoyo y aceptación social, y no por estar mentalmente enfermos.

Segunda pregunta, ¿es una disfunción sexual? Una vez más, conviene recordar la definición de este término. Entendemos por disfunción sexual la dificultad permanente o temporal que sufre un individuo durante una o varias de las etapas del acto sexual, y que le impide disfrutar de dicha actividad de forma normal. Sin embargo la investigación nos indica que la capacidad para desarrollar la actividad sexual no está afectada en estas personas, y que simplemente no sufren al no tener relaciones pues no están refrenando sus impulsos. Por ello no podemos considerar que tengan un problema en sus relaciones sexuales, simplemente no necesitan esas relaciones.

Revisemos pues si se trata quizás de una parafilia. Una parafilia es un tipo de comportamiento sexual en que predomina como fuente de placer un elemento concreto, que puede ser un objeto, situación, actividad, característica de las parejas, parte del cuerpo o cualquier otro que pueda repetirse y buscarse activamente para excitarse. Bien, este caso debería ser aún más claro que los anteriores y la respuesta a si la asexualidad es una parafilia será que... ¿a veces? Si esperabais un rotundo no, siento decepcionaros, pues la evidencia experimental indica en este caso que algunos, que no todos, de los individuos que se identifican como asexuales pueden en realidad sentir un interés sexual muy concreto.

La investigación científica al respecto nos dice que algunos de estos autodenominados asexuales manifiestan conductas masturbatorias y fantasías sexuales. Eso sí, dichas fantasías son bastante distintas de las de los individuos que presentan conductas sexuales más típicas. Por ejemplo, estos "asexuales" parecen tender menos a imaginarse a ellos mismos como partícipes de dichas fantasías, mientras que fantasean más a menudo con personajes ficticios, sintiendo pues mayor desconexión entre la fantasía y la realidad.

Sin embargo, hay que matizar, pues lo anterior no se aplicaría a la mayoría de los sujetos que se califican de asexuales, sino tan solo a un pequeño subgrupo de los mismos. Este pequeño grupo debería ser investigado en profundidad para que podamos entenderlo mejor, y es que como vemos aunque cada día sabemos más de la sexualidad humana aún nos queda mucho por descubrir.

Finalmente, ¿se trata la asexualidad de una orientación sexual? Ahora sí hablaríamos de los auténticos asexuales, aquellos que no sienten ningún impulso sexual. Definimos la orientación sexual de una persona como su tendencia sexual hacia un determinado grupo de personas en base normalmente al sexo de este grupo. Hablaríamos aquí, entre otras, de heterosexualiad, homosexualidad y bisexualidad, así que, ¿donde quedaría la asexualidad?

El problema es que estamos ante una definición cambiante, que se va ampliando o modificando según la investigación nos ofrece nuevos datos, por lo que efectivamente algunos expertos consideran la asexualidad como una orientación muy particular, mientras que otros la definen como la ausencia de orientación. Quizás llegados a este punto estemos simplemente jugando con la semántica, pero la verdad es que sabemos muy poco de la asexualidad, debido a que como antes dije se le ha venido prestando escasa atención en la investigación hasta la fecha.


Por suerte esto empieza a cambiar y por ejemplo ahora sabemos que factores biológicos similares a los de la homosexualidad pueden estar relacionados también con la asexualidad, por lo que esta podría ser una característica del individuo determinada al nacer. Aunque queda investigar más, corroborar los resultados y esclarecer su significado, lo que sí sabemos seguro que la asexualidad aparece en la persona a una edad similar a la que debería aparecer la orientación normalmente, pudiendo resultar complicada de asimilar para el sujeto si este carece de información al respecto, como lamentablemente pasa a menudo. Por ello me gustaría aclarar algunas creencias erróneas que se suelen tener respecto a la asexualidad:

  • Se trata de una fase: No, no se trata de una persona cuya sexualidad tarda en madurar más, sino de alguien que ha definido su orientación sexual como inexistente debido a su falta de deseo.
  • Es producto de un trauma, como haber sufrido abusos en la infancia: No, los traumas producidos por abusos sexuales como mucho producen en la persona un rechazo a la sexualidad, temor o asco, mientras que los asexuales simplemente no sienten atracción ni impulso sexual.
  • Se debe a la represión sexual: Tampoco. La represión tendría por consecuencia la abstinencia o el celibato, pero la asexualidad es la inexistencia del impulso sexual, lo cual no puede ser controlado por el individuo de ninguna forma.
  • Una mala experiencia en pareja puede convertirte en asexual: Negativo, la asexualidad tiene su origen en una edad temprana, como el resto de orientaciones sexuales. Una mala relación nos podría hacer desconfiados respecto a futuras parejas o hacia los demás en general, afectando quizás a nuestra sexualidad pero se trataría de dos conceptos muy distintos.
  • Es un intento por captar la atención de los demás o sentirse especial: Aunque es de suponer que podría darse el caso, en general las personas que son verdaderamente asexuales tan solo necesitan que se les comprenda y no se les tache de excéntricos de enfermos. Uno no elige ser asexual, lo es sin más, y no se debería hacer un problema de ello.
  • Es un trastorno mental, una disfunción sexual o una filia: Negativo en los tres casos, con los matices ya comentados antes.
  • La asexualidad se debe a que la persona es homosexual y no lo acepta: Una vez más, esto es un mito. La asexualidad existe y si la confundimos con otros términos y conceptos es precisamente ha que ha sido olvidad e ignorada por la sociedad durante mucho, demasiado, tiempo. Un homosexual que se reprima sentirá impulso, mientras que el asexual no necesita reprimir nada. El primero sufrirá al tener que contenerse, el segundo no tiene nada que contener.

Otro aspecto que sería interesante estudiar en cuanto a la sexualidad se refiere es si poseen fluidez sexual en el mismo sentido que aquellos con impulsos sexuales típicos. Entendemos por fluidez sexual los cambios que una persona puede experimentar en su orientación sexual o en sus preferencias a lo largo de la vida. Hay que tener muy en cuenta que las etiquetas usadas normalmente cuando hablamos de sexología, como heterosexual o homosexual responden a un sentido práctico y tienen por fin poder hablar de estos temas de una forma clara, pero la realidad es que un individuo puede poseer una orientación que no acabe de encajar con esas etiquetas (aunque van surgiendo cada vez más para denominar todo tipo de formas de sentir y vivir la sexualidad de cada uno) y aquí es donde entra la fluidez sexual.

Por ejemplo, un individuo que siempre se ha considerado heterosexual y presentaba conductas coherentes con esa definición podría en cierto momento realizar una conducta homosexual y no por ello sentirse a partir de ese momento homosexual. Sin embargo, es posible que a partir de ese momento tampoco se considere heterosexual de la misma forma en que lo venía entendiendo hasta ese momento, ni bisexual pues en general sí se sigue sintiendo atraído mayormente por individuos del sexo opuesto.

Como vemos, es un tema complejo y si aplicamos este concepto a la asexualidad obtenemos otras categorías como la grisexualidad, término que define a quienes se encuentran entre la asexualidad y la sexualidad (o alosexualidad), como pueden ser las personas que en general no sienten atracción pero en ocasiones muy contadas sí la sienten. Queda mucho por hablar y que decir, así que volveré más adelante con este tema y otros relacionados.

Fuentes:
Diario de una asexual
http://www.lehmiller.com/blog/2016/9/7/is-asexuality-a-sexual-orientation?platform=hootsuite
https://link.springer.com/article/10.1007/s10508-016-0802-7
http://www.lehmiller.com/blog/2015/1/31/do-asexual-people-masturbate-and-have-sexual-fantasies
http://www.lehmiller.com/blog/2014/5/23/sex-question-friday-where-does-asexuality-come-from
http://www.lehmiller.com/blog/2014/2/24/women-arent-the-only-ones-who-are-sexually-fluidmen-have-a-pretty-flexible-sexuality-too
https://es.wikipedia.org/wiki/Gris-asexualidad
https://www.facebook.com/AcesUnited?fref=ts
http://es.asexuality.org/wiki/index.php?title=Las_personas_(asexuales)_y_el_sexo
http://es.asexuality.org/wiki/index.php?title=Hiposexual
http://diariosdeasexualidad.blogspot.com.es



jueves, 3 de noviembre de 2016

Abuso de menores: Todo lo que deberíamos saber.

Hablar del abuso a menores siempre es algo delicado, ya que se trata de un asunto en extremo complejo donde intervienen multitud de variantes. Esta complejidad y el hecho de que hasta hace poco era un tema tabú para la sociedad, propicia que exista actualmente una peligrosa mezcla de desconocimiento y alarma social, lo que a su vez facilita la aparición de multitud de mitos o falsas creencias que confunden más que ayudan a entender y prevenir este problema. Será necesario pues, hacer llegar la información a todo aquel que la busque. Empezamos por lo básico.

No es raro que se compare a este tipo de abusadores con los violadores de personas adultas, pero de hecho existen muchas diferencias en las formas de actuar y de ser de unos y otros. Los abusadores por ejemplo, son individuos aparentemente mejor integrados en la sociedad, siendo menos evidente que se trata de personas con severos problemas personales. Así mismo, no suelen ser delincuentes habituales, en el sentido de que no tienden a cometer otros tipos de delitos como lo pueden ser los robos y por tanto muchas veces consiguen evitar la encarcelación, los registros policiales y el control judicial. En el caso de los violadores de personas adultas sucede lo contrario, tendiendo estos a ser individuos poco integrados socialmente y a cometer delitos habitualmente, como robos u homicidios.

Incluso dentro de los agresores sexuales de menores podemos encontrar diversos tipos, siendo una de dichas calsificaciones la que distingue entre abusos sexuales simples y la explotación infantil que es una modalidad aún más grave si cabe. En este segundo caso se incluyen aquellas acciones que fuerzan al menor a realizar conductas sexuales con adultos pero por un motivo económico.

También sería conveniente distinguir entre los abusadores sexuales de menores tal cual y los pedófilos. Los primeros pueden verse atraídos normalmente por menores o no, pero de todas formas han cometido el abuso. Los segundos en cambio sí sienten esta atracción habitualmente, aunque esta no tiene porqué expresarse sí o sí en la realidad, pudiendo permanecer toda la vida en el ámbito de las fantasías. Así pues, un pedófilo puede ser abusador o no, y así mismo un abusador puede o no ser pedófilo.



Y ahora que ya hemos comentado lo básico, volvamos al tema de las falsas creencias que antes he comentado. Algunas de las más extendidas son las siguientes:
  • Los abusos sexuales en la infancia son algo poco frecuente: Falso, ya que se calcula que una de cada cuatro mujeres y uno de cada seis hombres han sufrido abusos sexuales durante su infancia. Como vemos, esto no es precisamente algo que suceda "poco frecuentemente".
  • Muchas de testimonios de los menores son mentira: Totalmente falso, ya que las denuncias falsas son menos del 10%, por lo que de cada diez niños que declaren solo uno lo hará en falso, posiblemente influenciado por algún otro adulto que pueda beneficiarse de la situación.
  • Actualmente suceden más casos de este tipo que antaño, siendo este un síntoma de la corrupción moral de la sociedad actual: Falso, ya que si bien es cierto que es desde hace poco que se han empezado a estudiar en profundidad y combatir este tipo de conductas, esto no quiere decir que antes no sucedieran sino que se ocultaban, se encubrían y no se denunciaban.
  • Si se da uno de estos abusos en nuestro entorno, nos daremos cuenta: Lamentablemente suele ser falso, al menos en el mismo momento en que ocurren. La mayoría de abusos se dan en el propio entorno familiar o en todo en un entorno habitual del menor, facilitando esto la ocultación del abuso. Aún así, hasta 3 de cada 10 casos de abuso son cometidos por desconocidos.
  • Las víctimas casi siempre son niñas: Es cierto, pero no a los niveles que muchos suponen ya que en realidad un 40% de las víctimas son niños, casi la mitad.
  • Los abusadores de menores están "locos": Aunque psicológicamente hablando la palabra "loco" no significa nada, pero la mayoría de estos abusadores son individuos aparentemente normales, de inteligencia normal y que no necesariamente sufren psicopatologías que afecten su percepción de la realidad, siendo por tanto conscientes de sus actos. Aún así hay que matizar que es cierto que muchos de estos sujetos tienen una visión sesgada de la sexualidad y de como afectan sus actos a los menores.
  • Los abusos a menores se cometen por la fuerza: Falso, ya que en su mayoría los abusadores usan otros medios, como chantaje emocional, abuso de confianza, engaños, amenazas y trucos.
  • Estos casos se dan solo en los estratos sociales económica o culturalmente empobrecidos: Falso, ya que podemos encontrar casos en cualquier tipo de familias o grupos sociales.
  • A veces son los propios menores los responsables de los abusos: Este no hay por donde cogerlo, siendo en realidad la responsabilidad siempre del agresor. Pongamos un ejemplo complicado, como un menor de quince años que tiene relaciones de algún tipo con una persona de un edad bastante superior. Incluso en un caso como este el único que legalmente tiene una responsabilidad pues se le supone un mayor conocimiento de la situación, es el adulto. No hablemos ya de casos más prototípicos donde la víctima tiene aún menos edad.
  • El menor podría evitar la situación: Verdad a medias, ya que la mayoría de niños son o muy pequeños para entender lo que sucede o bien no poseen información adecuada para reaccionar velozmente. Si tenemos niños a nuestro cargo es buena idea prevenirlos sin asustarlos pero proveyéndoles de información útil al respecto, para que así puedan evitarlo realmente llegado el hipotético momento.
  • Los efectos en la víctima serán muy graves: Sí, merece la pena explicar que la gravedad de los efectos a largo plazo depende de muchos factores, como la detección prematura, la edad de la víctima y la actitud de la familia ante los abusos.

sábado, 22 de octubre de 2016

"Tigre, Tigre" o El punto de vista de la víctima de un pederasta

Hoy os traigo una crítica literaria, sobre un libro que me parece como poco interesante y que trata un tema sobre el que hay pocas novelas, o al menos pocas que hablen sobre ello de una forma realista sin dejar de ser interesante. Hablamos de Tigre, Tigre.

Un día Margaux Fragoso, autor y a la vez protagonista (pues se trata de una autobiografía) conoció a Peter Curran, un hombre que condicionaría en buena parte su futuro. En aquel entonces ella tenía solo 7 años, pero él había pasado ya de los 50. A partir de este primer encuentro, la autor nos acompaña por sus recuerdos y nos ayudará a entender como consiguió este hombre encandilarla, convirtiéndose en una extraña mezcla de amigo, figura paternal y eventualmente compañero sexual. Digo compañero a falta de un término mejor, pues resulta evidente que las acciones del hombre van desde un principio encaminadas a ganarse la confianza de la niña y poder luego abusar de ella sin que esta se de cuenta de lo perverso de la situación.

Seguro que muchos nos hemos sentido estupefactos cuando alguna vez hemos visto en las noticias o en el periódico algún suceso relacionado con esta temática. Estupefactos digo porque hay veces que los abusos se cometen contra menores de edad relativamente avanzada (adolescentes) o bien se perpetran durante varios años y en ambos casos nos puede resultar difícil imaginar como es que ni los adultos que tenían a estos menores a su cargo, ni los menores mismos pudieron darse cuenta de que algo extraño pasaba.

Visto desde fuera es cierto que a veces parece increíble que cosas como esta puedan pasar a nuestro alrededor sin que nos demos cuenta pero la realidad, la triste realidad, es que suceden con relativa frecuencia. Y por eso me parece tan interesante Tigre, Tigre, pues al estar narrado por la propia víctima, Fragoso consigue explicar muy bien como se desarrolló todo en su caso particular. Veremos pues como Curran se introducirá en su vida de forma insidiosa hasta afectar su vida, su desarrollo, su personalidad e incluso su futuro. Años de abuso la transforman de una niña normal a una joven con tendencias suicidas, que se recrimina por algo que nunca fue en realidad culpa suya.

Estas páginas nos ayudarán a entender, desde un punto de vista no académico, no solo las emociones y distorsiones del pensamiento que sufre una víctima de abusos infantiles sino también como actúa y porqué el abusador. Y descuida, esta historia no es solo drama, pues también veremos como la joven cargada de traumas logra superarlos y convertirse finalmente en la autora que nos cuenta su propia historia. Una historia cruel y dura, pero sin caer por ello en la autocompasión y sin tener que mirar atrás necesariamente.

Si os interesa, lo podéis encontrar en amazon en su formato digital por 7'59 y en tapa blanda por 19 euros.

martes, 2 de agosto de 2016

Sexo, drogas y rock & roll

Ante todo, quiero pedir disculpas por el título, pues no tengo intención de hablar de Rock, aunque quizás lo haga otro día. En cambio me parecía muy interesante hablar sobre la relación entre sexo y drogas. Normalmente la droga que más se relaciona con el ámbito sexual es el alcohol, y es por ello quizás que nuestra sociedad consume tanto alcohol. La utilidad de esta sustancia en relación al sexo es conocida por todos, ya que se consume principalmente con intención de desinhibirse y así propiciar nuestro acercamiento hacia la otra persona. No obstante como comentábamos el otro día este es un hábito peligroso pues cuando se crea el hábito el alcohol nos afecta negativamente y cada vez más gravemente.

Si bien es cierto que las bebidas alcohólicas nos pueden ayudar al alterar nuestro comportamiento, haciéndonos más lanzados y vivarachos, así como relajándonos, nos convendría tener siempre en cuenta que en estado de embriaguez perdemos nuestra capacidad para calibrar las consecuencias de nuestros actos (todos hemos oído o vivido aquellas anécdotas en que alguien bebió demasiado e hizo alguna tontería que no acabó nada bien),  aumenta nuestra agresividad y nos puede llevar a comportarnos de forma muy molesta al no darnos cuenta de que estamos siendo desagradables. Esta es la explicación tras algunos casos de accidentes de tráfico, agresiones y abusos sexuales, entre otras cosas. Por lo tanto recomiendo encarecidamente que el consumo de alcohol sea el mínimo y en todo caso nunca con intención de que nos "ayude a ligar". Por otra parte, hay que añadir que nuestra capacidad de respuesta sexual se verá afectada, siendo este efecto proporcional a la cantidad consumida.

Después de leer esto último algunos estaréis pensando que es falso, y que en pequeñas cantidades produce justo el efecto contrario, aumentar nuestra libido. Bien, pues tenéis razón, pero solo a corto plazo ya que a la larga altera nuestra capacidad para sentir placer, provoca problemas de erección, eyaculación precoz, vaginismo y anorgasmia en ambos sexos. Así que como decía, no recomendaría su consumo sin un estricto control.

Por supuesto el alcohol no es la única droga que afecta a nuestro organismo en cuanto a la vida sexual se refiere y otro candidato muy presente es el tabaco. Aunque esta percepción parece que va desapareciendo poco a poco, no es poca la gente que todavía considera la visión de un fumador como algo eróticamente estimulante. No obstante, haríamos bien en tener en cuenta que afecta gravemente a nuestro rendimiento, reduce la capacidad orgásmica, así como el deseo, provoca problemas en la erección, infertilidad y otros problemas derivados como afecciones circulatorias y riesgos graves para el feto en caso de embarazo.

Consumido muchas veces junto al tabaco encontramos al cannabis, que es tiene la curiosa virtud de actuar como el alcohol y relajarnos a la par que nos desinhibe pero además aumenta nuestra capacidad perceptiva. Por ello las sensaciones se viven más intensamente pero aunque esto pueda sonar genial, no siempre es así y puede resultar bastante perturbador. De todas formas y aunque el aumento de las sensaciones siempre fuera positivo, seguiríamos encontrando problemas tales como la disminución de la lubricación natural, problemas en la erección, eyaculación precoz, anorgasmia, vaginismo, problemas menstruales y falta de deseo. Sobra decir que como muchos de estos efectos son producidos por varias de las sustancias mencionadas, si se consumen varias de ellas los efectos serán más graves.

Aunque muchos no lo sepan, otra droga que alcanza grandes cotas de consumo en nuestro país es la cocaína. Es un dato  bastante conocido que esta sustancia aumenta la potencia sexual a corto plazo y se comenta que por este efecto es usada en la industria del porno. No obstante como toda droga, cuanto más se use más se adapta el organismo y cada vez se necesitarán dosis más grandes para poder lograr el mismo efecto. Algunos de sus usuarios la usan directamente en sus genitales para así conseguir un efecto más potente, pero creo que no hace falta decir que esto aumenta muchísimo el riesgo de infecciones y los otros muchos efectos perniciosos. Esto son la falta de lubricación, problemas en el ciclo menstrual, anorgasmia, eyaculación precoz y paradójicamente problemas de erección.

Existe una leyenda similar respecto al éxtasis, del cual se dice que es un afrodisíaco aunque sabemos que no produce ningún efecto en este sentido. A corto plazo aumenta el deseo y desinhibe, pero a largo plazo disminuye el deseo, causa problemas de erección, eyaculación precoz, anorgasmia y vaginismo.


Con el LSD sucede algo similar, atribuyéndosele un efecto afrodisíaco pero siendo la realidad bastante diferente. Las alucinaciones que provoca dificultan mucho las relaciones sexuales, ya que al fin y al cabo dejamos de ver el mundo que nos rodea tal cual es en realidad. Es difícil practicar el sexo con una persona a la que no percibimos como es en realidad, si es que la vemos, o si es que esa persona se encuentra ahí y no es en realidad un producto de nuestra imaginación. Todo ello sin olvidar que produce los efectos mencionados con otras sustancias, como pueden ser vaginismo, falta de lubricación, anorgasmia, problemas de erección y eyaculación precoz.

No podemos acabar sin hablar de la heroína, ya que sus efectos nocivos son especialmente graves. Aunque esta sustancia destroza la vida del consumidor en todos los ámbitos, a nivel sexual concretamente encontramos que altera nuestros niveles hormonales, produce anorgasmia, infertilidad, falta de deseo, problemas de erección, eyaculación precoz y vaginismo, todo ello apareciendo con rapidez y en forma grave.

Como siempre que hablamos de estos temas, hay que añadir que existen otras muchas sustancias y sus consecuencias son o bien similares, o bien más terribles, o en algunos casos desconocidas. Drogas nuevas aparecen cada día y nunca se ha dado el caso de alguna que no sea perjudicial de un modo u otro para nuestro organismo. Por otra parte la politoxicomanía aumenta todos los riesgos mencionados y crea otros adicionales, al apilar los efectos de cada sustancia por separado.

Es fácil entender el motivo que lleva a algunas personas a consumir estas sustancias, ya que suelen generar efectos y sensaciones agradables a corto plazo, pero las consecuencias que más tarde vendrán son bastante negativas como hemos visto. Por supuesto, no hemos comentado el efecto más evidente que es la adicción que crean estas sustancias, condicionando la vida de quienes las consumen y convirtiéndose en el centro de gravedad de su día a día.

Por tanto, lo recomendable será evitar su consumo siempre que podamos para así ahorrarnos disgustos en el futuro.

jueves, 19 de mayo de 2016

Frente al abuso sexual infantil

Parece que cada vez es más habitual enterarse por los medios de comunicación habituales de cuando sucede un caso de abuso a menores, siendo por su especial gravedad los que más llaman la atención aquellos que tienen componentes de abuso sexual. Bueno, maticemos: cada vez es más habitual que en los noticiarios, periódicos y demás se nos explique para cada caso como era el abusador, su personalidad o conductas, como se sucedió la investigación policial y/o el proceso judicial posterior así como otras características que la prensa crea llamativa para cada caso concreto.

Si bien no se puede negar el aspecto positivo de que este fenómeno se de a conocer para que así aquellos con menores a su cargo lo tengan presente, se echa en falta un análisis global y detallado del fenómeno en sí en lugar de caso por caso. Es por ello que la mayoría de la gente no tiene constancia de la frecuencia con que se da ni las consecuencias reales que comporta el ser víctima de este tipo de abuso.

Y es que aunque la visibilidad del fenómeno en sí es cada vez mayor aún existen miles de víctimas (si no más) que guardan silencio por miedo a no ser comprendidas, a la vergüenza, etc. Es por ello que a veces parece que estemos hablando de sucesos aislados cuando al realidad es que se calcula que alrededor de un 20% de las mujeres y hasta un 10% de los hombres de la población  sufrieron abusos sexuales antes de llegar a su adultez, con el agravante de que más de la mitad de ellos nunca lo cuentan.

Si estas cifras te parece exageradas, mejor que comencemos a definir que entendemos como abuso sexual para evitar equívocos. Abuso sexual es toda acción que una persona efectúa para establecer una relación de poder con un/a menor con el objetivo final de obtener satisfacción sexual. Estas acciones, que alteran gravemente el desarrollo psicosexual de la víctima comprenden desde besos forzosos o miradas morbosas hasta tocamientos de naturaleza sexual o contacto genital, incluyendo además otras conductas como pueden ser el mostrar o producir material pornográfico al menor, comunicaciones con contenido sexual o las simples amenazas con intención de someter a la víctima. Hay que tener en cuenta además que a veces el menor parece consentir este tipo de relación pero es el adulto como tal el que debe ser consciente de la gravedad de sus actos y nunca al revés, pues este tipo de actos a estas edades causan daños, muchas veces irreparables tanto en la salud física y psicosocial de la víctima y representan un atentado contra su dignidad.

Si hemos continuado leyendo hasta este punto, posiblemente ahora queramos conocer como prevenir este tipo de sucesos. Primero hay que saber donde es más probable que sucedan y hay que decir al respecto que los lugares más habituales son el propio hogar del menor, el entorno escolar y otros ámbitos que ostenten características similares a estos dos en cuanto a responsabilidad, confianza o poder: familia extensa, actividades extraescolares, actividades deportivas o instituciones religiosas. Como vemos, en general se tratará de personas con capacidad para ganarse la confianza del menor y del entorno familiar de este (cuando no formen parte directamente de este).

Por otra parte hay que tener en cuenta, y de forma similar a lo que hablábamos ayer sobre el acoso escolar que muchas veces se aceptan y justifican algunas de estas conductas mediante ciertas creencias o prejuicios como aquellas que dicen que se trata de "hechos excepcionales", "cosas propias de las clases humildes o familias desestructuradas", "casos debidos a la violencia y sexualidad de los tiempos actuales", "producto de la incapacidad de los varones para controlar sus impulsos sexuales" o la que en mi opinión es la peor de todas "el/la menor fantasea o seduce a los adultos".

Como decíamos antes, un agravante de estas situaciones es que pueden transcurrir meses o años hasta que el/la menor cuenta lo sucedido (cuando no se lo calla para siempre) debido al sometimiento emocional y/o físico al que se ve sometido por parte del abusador. Un hecho típico es que el menor acabe creyendo que la responsabilidad de lo sucedido es suya o bien compartida por ambos, cuando en realidad el único responsable es el agresor. Es por ello que la víctima tenderá habitualmente a querer poner tierra de por medio y callará para olvidar todo lo que sucedió, asegurando de esta manera la impunidad del abusador para seguir actuando ya sea sobre la misma persona o sobre nuevas víctimas. Se estima que menos de un 5% de las víctimas revelan lo sucedido con justo tras haber sufrido el abuso.


A este respecto me gustaría aclarar algo: no es raro oír y defender que los abusos no producen daño real en las víctimas o "no son tan graves", "el tiempo lo cura todo" y frases hechas de similar contenido. No obstante esto es totalmente falso pues una cosa es que la víctima calle y trate de olvidar y otra muy distinta que lo consigan pues el trauma sufrido suele llegar a tener consecuencias que a duran toda la vida, produciendo graves trastornos en su personalidad, trastornos depresivos, ansiedad, estrés postraumático, problemas de relación, psicosomáticos y de adaptación (sobre todo a nivel de la futura vida sexual). El número de problemas psicológicos sufridos así como su gravedad se relacionan positivamente con la intensidad de la culpabilización que presente el menor, esto es, en que medida se considera a sí mismo/a responsable o lo consideran aquellos quienes conocen lo que le sucedió.

Por todo lo dicho, es especialmente importante prevenir este tipo de sucesos lo más rápido posible evitando así su cronificación, concienciando a la sociedad, aumentando y mejorando la formación existente de los profesionales que trabajan con menores, todo ello con motivo de que podamos identificar más eficaz y rápidamente cuando se pueda estar dando un caso de abuso a menores, pues notificar de nuestras sospechas a las autoridades es vital para que se activen los medios dispuestos para garantizar el análisis de las evidencias y poder proteger efectivamente la integridad del menor. Recordemos que cuanto más se prolongue la situación de abuso, más graves serán las consecuencias y más difícil la recuperación.