martes, 28 de febrero de 2017

¿Cómo se evalúa y diagnostica el TDAH?

Si el otro día hablábamos de los distintos enfoques a la hora de tratar el TDAH (ADHD en inglés), hoy me gustaría comentar cómo se evalúa y diagnóstica este trastorno cuando hay sospechas o indicios de que pueda sufrirlo un menor en edad escolar, cómo debemos proceder y qué instrumentos y técnicas podemos usar para ello.

En este caso nos interesa no solo saber como afecta el TDAH al menor, sino cómo interacciona el trastorno con sus propias características personales, cómo afecta a su desarrollo evolutivo y cómo lo hace en cada contexto en concreto (familiar, social, escolar, etc).

Empezaremos a recabar los citados datos cuando nos llegue una demanda que exponga el problema. Primeramente es conveniente informar a la familia del menor sobre los pasos que pueden seguir en estas situaciones, para luego empezar la exploración con una entrevista a los progenitores, mediante la cual conoceremos en líneas generales la situación del menor. Tras ello deberemos evaluar sintomatología más concreta, para lo cual usaremos técnicas e instrumentos adaptados a las características del paciente, siendo la más relevante la edad del menor.

En el caso de tener que evaluar a un menor que aún no cursa primaria basaremos la exploración en el análisis del contexto familiar, el estilo educativo parental y la interacción del menor con el resto de la familia. Por supuesto, también es necesario tomar nota de las características del menor en sí, como su capacidad de atención, conducta motora, hábitos de sueño, alimentación, adaptación a los diversos contextos, funcionamiento cognitivo, capacidad de expresión oral y escrita, así como matemática, todo ello por supuesto teniendo en cuenta su edad.

En cambio si nos encontramos ante un menor que ya cursa estudios de primaria o incluso secundaria, deberemos atender, además de todo lo mencionado antes, también a su desarrollo emocional, autoestima, habilidades sociales y desenvolvimiento social.

Para todo ello, no solo utilizaremos la mencionada entrevista familiar, también requeriremos diversas escalas y pruebas específicas que además deberán además ser usadas para recabar información del entorno escolar y del propio menor.

Respecto al menor, es importante el análisis funcional de su conducta, para lo cual deberemos contar con el apoyo del profesorado. Entendemos por análisis funcional de las conductas la descripción de aquellas que sean relevantes al caso, de sus características, la frecuencia con que se dan, su duración y si es aplicable también su intensidad. Para ello deberemos informar antes al profesorado sobre como se debe efectuar este tipo de registro. Complementariamente, será buena idea analizar también cómo realiza el menor sus tareas escolares, su espacio de trabajo, así como la forma de estructurar sus escritos y redacciones.

Lógicamente, necesitaremos usar pruebas específicas para valorar la situación del menor y concretar la problemática que pueda o no sufrir. Requeriremos instrumentos que midan su capacidad de atención, si presenta hiperactividad y/o impulsividad, funciones ejecutivas, capacidad intelectual, de lectoescritura, cálculo, y la posible afectación emocional o conductual que presente.

Para evaluar la tríada de síntomas que caracterizan el TDAH tenemos a nuestro alcance diversos tests y escalas. Comentaré brevemente algunos:
  • D2 Test de atención: Se trata de un test breve, que se puede realizar en unos diez minutos y que mide nueve aspectos de la capacidad atencional, pudiendo aplicarse a partir de los ocho años.
  • EDAH Evaluación del TDAH: Prueba breve cuyo fin es evaluar, en menores de seis a doce años, la presencia o no de los síntomas característicos del TDAH y otros trastornos de conducta relacionados.
  • Test de Caras: Este test evalúa mediante ítems gráficos la capacidad de atención y percepción en menores de seis a dieciocho años. Destaca la brevedad con que puede aplicarse, en menos de 5 minutos.
  • EMAV Escala Magallanes de Atención Visual: Como su nombre indica, se trata de una prueba visual que evalúa la atención y diversas funciones de la misma. La prueba tiene una duración de media hora y es aplicable a menores de cinco a dieciocho años.
  • EMIC, Escala Magallanes de Impulsabilidad: Prueba informatizada aplicable a partir de los seis años y que mide la impulsividad, como su nombre indica, en unos veinte minutos.
  • CPT de Conners: Las diversas versiones de esta prueba informatizada evalúan en menores de más de ocho años la capacidad para realizar tareas de forma sostenida en el tiempo, y por tanto la capacidad de atención del sujeto. Tiene una duración de quince minutos, y está especialmente recomendada para casos de TDAH.
  • TOVA, Test de Variables en la Atención: Indicada para realizar un seguimiento del efecto positivo o negativo que está teniendo la medicación en cuanto a la atención en menores a partir de los cuatro años. Dura poco más de veinte minutos.


Para valorar otras áreas disponemos así mismo de otros instrumentos:
Como pruebas alternativas, si consideramos que es posible que el paciente presente otras sintomatologías asociadas, deberemos usar instrumentos de evaluación más específicos. Algunos ejemplos:
Lógicamente, la recolección de datos mediante entrevistas y pruebas psicométricas debe ir seguida de su contraste con los criterios para el diagnóstico del trastorno que figuran tanto en el DSM-V como en el CIE-10. No olvidemos que además del trabajo de exploración que realiza el profesional, la recogida de datos antes de emitir diagnóstico debe contrastarse con lo observado por los padres y profesores del menor. Para ello también disponemos de diversas escalas y cuestionarios que comentaremos en futuras entradas del blog para no extendernos demasiado hoy.

Un aspecto importante de la evaluación psicológica es que esta debe ser dinámica, por lo que debemos ir adaptándola al caso según avancemos en él. No podemos esperar tener bastantes datos como para emitir un diagnóstico en un solo día, y de la misma forma es de asumir que no realizaremos una sola entrevista, pues muy posiblemente a lo largo de las sesiones surjan nuevas dudas que cabrá esclarecer para realizar una mejor intervención.

Además, es imperante constatar los datos que se obtienen en las escalas mediante la observación directa y los informes de los progenitores/maestros, pues estas no sirven por sí solas como base única para el diagnóstico, siendo necesarias la evaluación clínica y las entrevistas como apoyo. Hecho esto, nos centraremos en detalles específicos que puedan merecer nuestra atención, ya sean estos conductas o síntomas concretos.

Sólo llegados a este punto será cuando podamos interpretar toda la información obtenida y emitir mediante ella una diagnóstico claro. Para ello eso sí, es necesario tener siempre presente otros trastornos o condiciones que puedan causar efectos similares, para evitar así el diagnóstico erróneo. Dicho diagnóstico, claro está, al igual que las pruebas realizadas deberá estar adaptado al individuo, por lo que deberemos resaltar en que aspectos el menor se ve más afectado y en cuales menos. Por ejemplo, no todos quienes padecen TDAH presenten hiperactividad (o impulsividad, o inatención) ni en todo caso la sufren con la misma intensidad.

Un aspecto a tener en cuenta es que a día de hoy no existe ninguna prueba médica que garantice el diagnóstico certero, siendo necesarias diversas sesiones con el menor, con los padres e incluso con los maestros, usando herramientas como las descritas para poder evaluar y reevaluar el estado del niño y su adaptación al medio.

Una vez emitido diagnóstico, prepararemos un plan de intervención que se ajuste a la problemática presente, a lo largo del cual deberemos tomar buena nota de la evolución del sujeto para mejorar aquellos aspectos que lo necesiten, buscando por supuesto obtener los mejores resultados posibles. Como último, debemos recordar que los efectos del TDAH no son estáticos, por lo que el propio diagnóstico debe ser dinámico y dimensional, cambiante con el paso del tiempo y el desarrollo evolutivo del niño.

jueves, 23 de febrero de 2017

Tratamiento psicopedagógico para el TDAH

Cuando sospechamos o confirmamos que un miembro de la familia sufre de Déficit de Atención, es natural que nos surjan inquietudes, preguntas e incluso temores acerca de este trastorno y todo lo que puede implicar, siendo la duda más habitual cómo podemos ayudarle a sobrellevar la situación y minimizar el conflicto que puede surgir tanto a nivel familiar como escolar.


¿Deberá medicarse? ¿Mejor la terapia quizás? ¿Cuánto duraría cada uno de estos tratamientos? ¿Qué beneficios y perjuicios pueden tener? Lo primero que debemos tener en cuenta es que el TDAH es un trastorno neuobiológico que no afecta a todos de la misma forma, pudiendo alterar la capacidad de atención de la persona, producir hiperactividad, impulsividad, o bien sendos tipos de sintomatología en diversa medida y forma. Por eso cada caso merece un estudio detallado para poder determinar que tipo de tratamiento será el más idóneo.

En cualquier caso para conseguir que la persona afectada, normalmente un menor, pueda seguir adelante con su vida de la forma más normalizada y adaptada posible será necesaria una estrecha colaboración entre el propio paciente, su familia y los especialistas que intervengan en el caso.

Habitualmente lo más recomendable será la combinación de tratamiento farmacológico (a determinar por un médico especialista) para mitigar los síntomas si estos afectan notablemente al individuo, más una terapia psicológica llevada a cabo por un especialista formado en la materia, a fin de ayudar a la persona a adaptarse a la situación, aceptarla y aprender cómo compensarla. Todo esto debería conseguir una disminución de los síntomas, así como de las conductas asociadas a ellos.

Pero aquí hablaremos de la parte psicológica del tratamiento, que es de la que nos podemos encargar en nuestra consulta. Un tratamiento psicológico puede abordarse desde diversas perspectivas, pero en nuestro caso nos basaremos en la terapia cognitivo conductual que es la que tiene más respaldo entre los expertos, al ser la que ha demostrado ser más efectiva en la mayoría de casos.

La terapia cognitivo conductual implica enseñar al individuo diversas estrategias que le ayuden a mejorar diversos aspectos de su día a día. En este caso utilizaremos autoinstrucciones, técnicas para la resolución de problemas, de autoregistro y autorefuerzo. La idea es enseñar a la persona a regular su propia conducta, planificar mejor la estrategia a seguir ante una tarea, centrar la atención, seleccionar la repuesta óptima y evaluar el desempeño al terminar para así mejorar futuras actuaciones. Estas técnicas serán de aplicación general y podrán ser utilizadas en casa, en el trabajo/escuela y en cualquier otro ámbito, siendo esperable mejores resultados si se implican familia, amigos, profesores y demás personas que interactúen con el paciente.

En relación a las funciones ejecutivas, que son precisamente las afectadas por el TDAH, son especialmente útiles las siguientes estrategias:
  • Usar un calendario de actividades, preferiblemente basado en elementos gráficos.
  • Usar un reloj con alarma para marcar el inicio y fin de las actividades, así como la duración de los descansos.
  • Jerarquía de tareas, remarcando la importancia y urgencia de cada una, la duración establecida para cada una y su horario.
  • Instrucciones claras y concisas.
  • Mantener el contacto visual al transmitir al sujeto las instrucciones.
  • Eliminación sistemática de estímulos distractores.
  • Comprobar si la información ha sido recibida y entendida correctamente.
  • En caso de los niños, ajustar las tareas escolares al nivel de alerta del niño. Recordemos que aunque la inteligencia no se ve afectada, la atención sí y esto causa que tareas que requieren concentración sean más complicadas para quienes padecen TDAH que para otros.
  • Entrenamiento en reconocimientos, entendimiento y expresión de emociones.
  • Uso de sistemas alternativos de aprendizaje, que no causen tanto agotamiento como los principales y sirvan de apoyo a los mismos, como pueden ser juegos o lecturas.
Eso sí, como dijimos antes cada caso particular muestra una afectación distinta en su grado y forma, por lo que las estrategias usadas deben adaptarse al paciente. Por ejemplo si nos encontramos ante un menor en el cual predomina la falta de atención pondremos especial énfasis en:
  • En clase deberá sentarse cerca del profesor, vigilando este eso sí que el niño nunca quede excluido del grupo.
  • Poner énfasis en los materiales, en que hay que traerlos y cuidarlos.
  • Comprobar que el alumno ha entendido lo que se le pide, preguntándole y corrigiéndolo si es necesario.
  • Revisar la correcta realización de las tareas. Seguimiento continuado de los avances.
  • Establecer fechas límite bien definidas para la entrega de trabajos, así como dejar claras las consecuencias en caso de no cumplirse dichos plazos.
En cambio, si la sintomatología predominante es la hiperactividad tendremos especial cuidado en:
  • Clarificar que en ciertas situaciones y momentos no podrá hablar y/o moverse. Usaremos señales visuales si es necesario, como carteles con dibujos.
  • Establecer ciertas señales que indicarán al sujeto que es momento de estarse quieto y/o sentado. Así mismo debería establecerse una señal que indique la situación contraria.


Finalmente, si el síntoma que más se manifiesta es la impulsividad:
  • Ofrecerle un espacio donde se encuentre cómodo trabajando.
  • Sentar al menor junto a otro alumno que presente un mejor comportamiento y que sirva como modelo de conducta.
  • Usar la técnica del tiempo fuera si esta llega a ser necesaria.
A lo anterior podemos añadir el uso de técnicas conductuales clásicas como son los reforzamientos tanto positivos como negativos, técnicas de aversión para rectificar conductas, sistemas de economía de fichas, evaluación de la conducta y autoinstrucciones, así como técnicas de control emocional como la relajación, o para mejorar las habilidades sociales como pueden ser los juegos de roles.

En todo caso, todo ello debe ser complementado con el entrenamiento de los padres en estas y otras estrategias que les sirvan para el manejo de la conducta del menor. Por ejemplo, deben tener claro cuándo y cómo deben reforzar o castigar un comportamiento para que este se repita o desaparezca del repertorio conductal del menor. Los refuerzos consistirán en elogios y alabanzas, así como muestras de cariño. Premios materiales como privilegios o algún capricho podrán ser usados inicialmente aunque en fases posteriores del tratamiento serán sustituidos por los que apelan a las emociones del menor. Los castigos deben consistir en retirarles la atención que les prestábamos, los privilegios antes otorgados, fichas conseguidas u otros refuerzos de los que antes disponía el menor, y nunca deberán consistir en un castigo físico. Tanto unos como otros deben ser aplicados de forma consistente e inmediata para así establecer un patrón comprensible y fiable por el cual el menor pueda guiarse.

Estos tratamientos psicopedagógicos pueden ser la base del tratamiento o servir de apoyo al tratamiento farmacológico. Como antes dijimos, cada situación merece ser evaluada por separado para así determinar que tipo de tratamiento y combinación de ellos puede dar mejor resultado.

martes, 21 de febrero de 2017

Realidad virtual y Asperger: Proyecto CicerOn

Dos temas que siempre han atraído mi interés son la tecnología y, cómo no, la psicología. Aparentemente ambas tienen poco en común pero la realidad es que vivimos cada día en una sociedad más y más tecnificada, por lo que es normal que su aplicación se extienda cada vez más a otros campos. La psicología no iba a ser una excepción como ahora veremos.

Y es que cada vez es más habitual oír como surgen ciertas aplicaciones que utilizan los avances técnicos para tratar trastornos mentales usando métodos de gamificación, también llamada ludificación, que consiste en emplear mecánicas de juegos en un entorno no lúdico. En este caso hablaremos de técnicas que usan la realidad virtual para integrar al jugador en un entorno lo más realista posible para poder trabajar su conducta y pensamiento en entornos que imitan lo mejor posible aquellos que generan, inician o mantienen en ese sujeto el problema a tratar.


Podríamos poner muchos ejemplos para representar lo anterior, pero he preferido escoger un proyecto cercano, pues está siendo siendo desarrollado en España, el proyecto CicerOn, el cual tiene por objeto servir de apoyo a quienes padecen el síndrome de Asperger o fobia social, entre otros.

Se trata del primer proyecto conjunto entre Indra, la Fundación Universi y U-Tad, y pretende servir de entrenamiento ante las situaciones que exigen al sujeto tener que desenvolverse ante un público, como por ejemplo debates o presentaciones. La idea es unir los conocimientos que disponemos en psicología, tecnología informática, comunicación y otros, para crear una simulación realista en la que el sujeto deba ir superando situaciones sociales cada vez más complejas hasta conseguir desenvolverse correctamente en ellas sin sufrir una ansiedad excesiva.

Para ello, será fundamental que el escenario virtual sea lo más real posible, y por tanto será necesario no solo un diseño gráfico realista, sino también que los personajes que en el entorno simulado aparezcan actúen de forma natural y creíble. Así se conseguirá una inmersión plena y la acción terapéutica será similar a la que se conseguiría si expusiéramos al sujeto a un entorno real controlado, difícil de conseguir en la práctica para este tipo de casos.

No son pocos los proyectos que he visto que tenían objetivos similares mediante el uso de tecnologías avanzadas como estas, pero también es común encontrarnos con que estas terapias tecnológicas emplean un hardware muy específico, lo que encarece el coste de producción y convierte el equipamiento en un producto bastante caro. Por suerte este no será el caso del proyecto CicerOn, que una vez finalizado solo requerirá para su uso unas gafas de visión estereoscópica y un smartphone con la aplicación pertinente descargada, por lo que cualquier consulta, asociación o particular interesados podrán hacerse con ellos.

La realidad virtual fue pensada para revolucionar el mundo de los videojuegos, donde parece que a día de hoy no ha tenido gran repercusión. Sin embargo, usos como este se están extendiendo, demostrando que puede convertirse en el futuro en una herramienta fundamental en el tratamiento de múltiples patologías y trastornos, como la depresión, el Alzheimer, los trastornos de la conducta alimentaria, la ansiedad y muchos más. Y seguro que con los años vamos viendo cada vez más proyectos similares que ayuden a mejorar nuestra calidad de vida y salud mental.

Fuentes:
5 videojuegos diseñados para el tratamiento de enfermedades mentales
Realidad virtual para tratar la depresión
Realidad virtual para tratar el Asperger, Proyecto Cicerón
Proyecto Cicerón en Fundación Universia
Proyecto Cicerón en U-TAD
Proyecto Cicerón en Indra Company

miércoles, 15 de febrero de 2017

Como ganar cualquier discusión usando neurogalimatías pseudocientíficos

El siguiente texto en cursiva es una traducción libre del artículo "How to win any argument: pseudo-scientific neuro-gibberish", publicado en el peridódico The Guardian y escrito por Jules Montague.

Si lo que quieres es ganar una discusión, prueba a hablar usando neurogalimatías, jerga irrelevante que alude a la terminología neurocientífica aun sin aportar información real, de esta manera tus afirmaciones serán mucho más convincentes, según la investigación llevada a cabo por las Universidades de Villanova y de Oregón.

Los investigadores dieron a un grupo de 385 estudiantes breves descripciones de fenómenos psicológicos, incluyendo reconocimiento facial, memoria espacial y estados emocionales, cada una acompañada con explicaciones superfluas que usaban términos neurocientíficos, de ciencias sociales, o de física. La terminología neurocientífica como "cortex prefrontal" o "circuito neuronal" por ejemplo, fue puntuada por los sujetos como la más convincente, incluso cuando la información que aportaba no profundizaba en el tema o siquiera estaba relacionada con él. Los autores concluyen que los participantes consideran la neurocientífica como la explicación más probable en cuanto a los fenómenos psicológicos se refiere, incluso cuando esta realmente no aporta nada.

De lo dicho anteiormente, podemos deducir que si queremos jugar sucio podemos usar la neurojerga para ganar las discusiones.

  • Usa la palabra neuroplasticidad: Una frase de ejemplo sería "He cambiado mi forma de pensar acerca de ello gracias a que la neuroplasticidad de mi cerebro ha creado nuevas conexiones neuronales". La neuroplasticidad es la capacidad que tiene nuestro sistema nervioso para responder a los estímulos recibidos reorganizando su estructura, funciones y conexiones. Sin embargo, la neurociencia aun no ha logrado explicar porqué pensamos lo que pensamos, ni cómo lo hacemos realmente.
  • Habla de la activación de la corteza insular aunque no venga a cuento: Por ejemplo "Sabemos que la gente adora los iPhones ya que cuando se observa el comportamiento del sistema nervioso durante su uso vemos como la ínsula se activa". Suena genial, y estamos cansados de ver titulares de prensa similares, cuando en realidad no significa apenas nada. La ínsula o corteza insular se activa en un tercio de los estudios que usan IRMf, independientemente de lo que estén haciendo los sujetos o si les gusta o les deja de gustar.
  • Recuerda hablar de las virtudes casi mágicas de las neuronas espejo: Un ejemplo, "Las neuronas espejo son la base de la empatía humana, y por tanto de la cultura y la civilización humanas". Fastuoso, pero no hay por donde cogerlo. Las neuronas espejo efectivamente se activan cuando un individuo ve a otro realizar una conducta... pero no ha sido demostrado que esto suceda en seres humanos, tan solo en primates.

En resumen, si puedes añadir hipocampo o giro fusiforme al final de cualquier frase, es posible que ganes la discusión de turno.

Y tras este interesante texto que he querido compartir con vosotros, querría reflexionar un poco acerca de él. Lo primero que me viene a la mente es la ingente cantidad de prensa no especializada y noticiarios televisivos que se hacen eco de no-noticias y en lugar de presentar los avances científicos como lo que son, que no es ni mucho menos poco, en un formato que sea apetecible para su público para así formar a la población y mantenerla verdaderamente informada, lo que hacen es inflar los titulares y sacar sus propias conclusiones, normalmente infundadas pero mucho más vistosas, y hacerse eco de charlatanes disfrazados de científicos a los que además se les atribuye la etiqueta de "la ciencia ha demostrado", como si toda la comunidad científica se hubiera puesto de acuerdo. 

Si estos titulares fueran ciertos el ser humano dispondría probablemente de los secretos más escondidos del funcionamiento de este universo nuestro desde hace ya tiempo. Lo peor es que existen pocos programas televisivos serios dedicados a la ciencia en general o a disciplinas particulares, y los que hay tienden a ser bastante desconocidos. En prensa podemos encontrar muchas más publicaciones dedicadas a ello pero las que podemos encontrar en quioscos no pasan del Quo o el Muy Interesante.

Si se me permite la inferencia, esto a la larga hace que el espectador/lector medio posea un bagaje científico muy superficial, que le hace capaz de mencionar conceptos como los citados, neuronas espejo, ínsula, circunvolución, etcétera. Los mencionan, sí, y entienden a nivel muy básico cual es la función de cada uno de estos elementos, pero no deja de ser un conocimiento plagado de errores y desinformación.

Entiéndase aquí que no pretendo que el ciudadano medio tenga un amplio conocimiento de toda disciplina científica existente, sería imposible. Pero los medios no especializados deberían ser conscientes de lo que pueden y no pueden hacer, y tener en nómina a un equipo científico que les "traduzca" las notícias científicas para así publicar titulares serios y artículos verídicos, sin sensacionalismos. Pero ¿a quién quiero engañar? Vivimos en la época del clickbait, el anzuelo de clics, una práctica consistente en crear titulares lo más vistosos posibles para generar cuantas más visitas posibles, sin tener en cuenta que sean acertados o siquiera sean ciertos. Periodismo del s.XXI, me temo.

Emm... no.

Así pues, recae sobre el propio ciudadano la tarea de ser consciente de la situación, y tener claro que sabemos y que no. Leer tres o cuatro párrafos en un medio no especializado que habla sobre neurociencia no nos convierte en neurólogos, y por tanto tendríamos que cuidarnos de hablar después como si fuésemos expertos. Me pongo a mí mismo como ejemplo, leo bastante acerca de física cuántica, es un tema extremadamente curioso, pero en la vida se me ocurriría pensar que realmente sé algo de este tema. El saber científico se forja con tiempo, dedicación y esfuerzo, y cambia día a día, siendo pocas las veces en que un descubrimiento o invención es tan drástico que revoluciona su campo de la noche al día.

Eso sí, si queremos quedarnos con el otro, seguro que mediante los neurogalimatías lo conseguimos.

Fuentes:
How to win any argument: pseudo-scientific neuro-gibberish, por Jules Montague
Superfluous Neuroscience Information Makes Explanations of Psychological Phenomena More Appealing, por Diego Fernandez-Duque, Jessica Evans, Colton Christian, and Sara D. Hodges.
The Neurons that Shaped Civilization, por Vilayanur Ramachandran.

martes, 14 de febrero de 2017

No te rindas

En la vida todo va bien, hasta que de repente algo sucede, algo grande, importante y que influye negativamente en nuestra percepción del mundo. Uno de estos sucesos es cuando nos diagnostican a nosotros o a alguien cercano una enfermedad o dolencia que pone en grave peligro su vida.

Y es que pasa más de lo que creemos. Un día vamos al médico para consultar acerca de algún síntoma poco usual que hemos detectado pero que en todo caso no parece gran cosa y salimos de la consulta con la cara pálida por la impresión. Señoras y señores, esto es la vida, me temo.

Lógicamente, nuestros primeros pensamientos pueden ser bastante fatalistas, sobre todo si nos ha pillado por sorpresa. Seguramente teníamos proyectos a largo plazo, íbamos a irnos de vacaciones, pedirle a nuestra pareja que se casase con nosotros, escribir un libro, tener hijos, y mil cosas más. Pero total, prisa no había, tenemos toda la vida por delante, ¿no?

El problema con la vida es que uno nunca sabe hasta donde llega, pero tendemos a siempre a ser optimistas pues de lo contrario no tendríamos motivos para salir de la cama cada mañana. Por eso, cuando nos llega una noticia como la anterior, tendemos a deprimirnos, pues toda nuestra vida, nuestros planes y proyectos, acaban de sufrir un duro revés.

Pero claro, aquí no estamos para deprimirnos, y me gustaría haceros reflexionar sobre este tema. Respecto a lo anterior se me ocurren dos posibilidades, siendo la primera que nos diagnostiquen una dolencia incurable, a la que solamente podemos ponerle paliativos pues la ciencia no ha conseguido todavía encontrar una cura o remedio eficaz. Bien, ante ello podemos rendirnos, y seguramente esta sea nuestra reacción en ciertos momentos, pero si adoptamos esta postura estaremos desperdiciando nuestro tiempo. Tengamos en cuenta que ese tiempo es precisamente lo más valioso que tenemos en nuestra vida, y malgastarlo centrándonos en nuestra miseria no nos reportará absolutamente nada. En cambio, si aprovechamos cada segundo que tengamos para realizar aquellos objetivos que teníamos marcados, disfrutar de nuestros seres queridos, y en definitiva vivir la vida, entonces sí estaremos aprovechándola.



La otra posibilidad es que seamos diagnosticados con una enfermedad de carácter incierto, por tipo, gravedad o posibilidades de mejora. En este caso, el ser humano tenderá a comportarse como un animal acosado por un depredador y nos pondremos en lo peor, querremos huir del peligro, estar a salvo de nuevo. Pero claro, no podemos recuperar dicha seguridad pues no hay un enemigo del que huir, al estar este dentro de nosotros.

El pensamiento a aplicar aquí es el mismo que he descrito anteriormente. Si dejamos que el miedo nos paralice tendremos un verdadero problema, pues si hacemos de la enfermedad el centro de nuestra vida estaremos dejando que la dolencia nos defina, cuando en realidad seguimos siendo la misma persona que antes, solo ha cambiado nuestra situación.

En este segundo caso, si no disponemos de un diagnóstico claro por estar esperando las pruebas médicas o similar, y teniendo en cuenta que estas pueden tardar, lo ideal es seguir adelante con nuestra vida habitual. Si alteramos nuestro día a día es que ya hemos asumido que nos ha ocurrido lo peor, cuando es muy posible que el veredicto médico final no sea el peor posible.



Hay que comentar también que está ampliamente demostrado que nuestro sistema inmunológico, nuestras defensas, se ven afectadas negativamente cuando entramos en un estado depresivo, vaya, cuando nos hemos rendido. Por tanto la depresión puede agravar la situación, mientras que mantener el ánimo y las ganas de disfrutar nuestra vida puede tener el efecto contrario. Y por todo esto te digo, no te rindas.

Y por supuesto, si sientes que tu ánimo decae, si pierdes las ganas de seguir adelante, si aunque sabes que todo lo dicho aquí es verdad pero aun así no consigues sobreponerte a la situación, no dudes en buscar ayuda. Deja que tus familiares y amigos te ayuden y animen, no dejes de seguir haciendo todo lo que antes hacías mientras puedas, pues aunque parezca que no hay motivo para ello, has de saber que la inactividad es tu enemiga. Y por claro está, si crees que necesitas apoyo psicológico no dudes en buscar a un especialista, pues tener un problema de salud física no es motivo para olvidarnos de nuestra salud mental.

viernes, 10 de febrero de 2017

Hablemos de sexo

Sexo normal. Al sexo lo conocemos todos, a la normalidad no estoy tan seguro. Se supone que lo normal es aquello más frecuente, más típico, lo más repetido. El problema es que esto es válido a nivel estadístico, matemático, pero que una cosa no sea normal no quiere decir que se la deba considerar automáticamente anormal, puede que simplemente sea menos habitual.

El tema aquí es que tendemos a pensar que lo normal es lo aceptable, y que el resto es raro, extraño y puede que hasta nos resulte desagradable, más si estamos hablando de conductas humanas y sobre todo en cuanto a conducta sexual se refiere.

Lo cierto es que en este ámbito podemos encontrar una variedad de comportamientos casi tan grande como la población humana en sí, aunque es cierto que algunas de esas conductas se dan con más frecuencia que otras. Aun así normalmente no conocemos los detalles de la vida sexual de nuestros amigos o vecinos, y es que el sexo no es precisamente una conversación que resulte cómoda para todos, aunque parezca estar presente en todas partes.

¿No es paradójico? La sociedad nos presenta el sexo por todas partes, televisión, cine, literatura, videojuegos, anuncios, etc. Nuestra sociedad posee una industria basada específicamente en el sexo, la industria pornográfica, la cual mueve millones, y a pesar de ello una gran mayoría no habla de su sexualidad abiertamente. ¡Ojo! Si que es habitual oír a los demás hablar de sexo en general, como tema serio o bromeando al respecto, pero no se suele hablar de la vida sexual de cada uno, excepto en casos contados.


Quizás es por eso que percibimos la realidad sexual de forma un tanto distorsionada, de modo que conocemos nuestra vida sexual, lo que nos gusta y motiva, y luego percibimos unos gustos y deseos "globales" de la sociedad en conjunto, que es con lo que generalmente comparamos los nuestros para saber en que medida somos normales o raros.

Ahora bien, si cada uno se compara con esa percepción en conjunto, ¿hasta que punto podemos estar seguro de qué es normal y qué no en la sexualidad de la población humana en general? El problema se agrava además cuando descubrimos que muchas de las prácticas sexuales que entendemos como habituales no lo eran en otras épocas, pues los cambios en la sociedad también se reflejan en esta esfera de la vida humana.

Por ejemplo, la orientación sexual. La homosexualidad, la bisexualidad y en general toda orientación que no sea la heterosexual, han sido consideradas por muchas culturas como algo reprochable, incluso como un síntoma o consecuencia de trastorno mental, y que por tanto merecían ser castigadas o intentar ser curadas, según estos respectivos puntos de vista. El enfoque respecto a ello en la sociedad hoy en día es bastante distinto, como ya sabemos.

Otro tema sobre el que merece la pena detenerse un momento es la masturbación, empleada en la Grecia antigua por los maestros para iniciar a los pupilos en el sexo, cosa que hoy en día nos parecería inconcebible, y en muchos casos incluso ilegal. Por supuesto no podemos olvidar la represión ejercida por las figuras religiosas hasta no hace tanto, que consideraban el mencionado acto masturbatorio como pecado, al percibirse el sexo como un medio para procrear y poco más.

Podemos ir más allá y hablar de otro tipo de conductas como las parafilias, el sadomasqouismo, intercambios de pareja o el sexo oral, algunas de las cuales pueden parecer de origen muy reciente, hasta que uno investiga y se da cuenta de que la mayoría se vienen practicando desde tiempos inmemoriales. Además, todo lo dicho les puede encantar a unos mientras que a otros les resulta desagradable. Como vemos, lo normal empieza a ser un concepto bastante difuso.

Al final, lo normal en la sexualidad de cada uno es lo que a nosotros nos guste, y es que nadie tiene, o no debería tener, derecho a decidir sobre nosotros en este aspecto. De todas las posibilidades que se nos presenten, podemos elegir experimentar aquellas por las que tengamos interés o curiosidad, siempre respetando a nuestro compañero/a, por lo que la comunicación es muy importante, más de lo que algunos pudieran imaginar.

Lo mismo se puede decir de la forma de vivir el sexo, las parejas que nos atraen, el lugar escogido, el número de parejas. Existe en todo ello mucha más variedad de lo que creemos y a veces la gente se sorprende cuando les gustan los hombres con mucho pelo o la mujeres de pechos pequeños, por dar algún ejemplo, y esa sorpresa viene en parte motivada al darse cuenta de que les gustan individuos que no corresponden con el canon de belleza que nos presentan en televisión, revistas y demás.

Por cierto, que todo lo dicho no se aplica solamente al tipo de conducta, sino también a la frecuencia o duración de las mismas. El sexo como decíamos está muy presente en nuestra sociedad, pero lo está de una forma superficial. La inmensa mayoría de la población tiende a comparar sus conductas con los modelos expuestos en el mass media, que muchas veces dejan bastante que desear por cierto. Debido a esto podemos encontrar individuos que sienten que practican poco sexo y otros que al contrario piensan que lo realizan mucho, cuando en numerosas ocasiones no es cierto ni lo uno ni lo otro. La única verdad es que si uno puede olvidar las ideas preconcebidas y preguntarse así mismo si está satisfecho, encontrará la respuesta.

Hay gente que posee un gran impulso sexual, que piensa mucho en ello y lo hace siempre que tiene oportunidad. No hay nada malo en ello, pero también hay que recordar que lo mismo se puede decir de aquellos quienes solo sienten ganas cada cierto tiempo, e incluso podemos encontrar individuos que no poseen ningún deseo sexual en absoluto, los llamados asexuales.

En cualquier caso, y si estamos preocupados por nuestra conducta sexual o la de algún conocido, la primera pregunta que debemos hacernos es la misma que en todos los casos donde sospechemos de algún trastorno psicológico: ¿Afecta al normal funcionamiento del individuo o de aquellos que le rodean? Si la respuesta es afirmativa, es decir, si la conducta se da hasta tal punto que la persona abandona sus obligaciones, se obsesiona, se deprime porque no consigue lo que quiere, o si se da cualquier otra circunstancia que haga que cumpla la definición de "afecta al normal funcionamiento", en ese caso deberíamos plantearnos la búsqueda de ayuda psicológica, y mejor si es especializada en este ámbito.

Dejando de lado esto último y volviendo al tono optimista, llegamos con todo lo dicho a una conclusión: para gustos...

... colores.

martes, 7 de febrero de 2017

Desmontando mitos: Escopaestesia

Hoy hablamos de esas ocasiones en que sentimos a nuestras espaldas como si alguien nos estuviera observando o como si sintiésemos una mirada en la nuca. Este fenómeno se conoce como Escopaestesia y supondría que el ser humano posee algún sentido oculto que le permite detectar la presencia de extraños aunque no los vea ni escuche. Hablaríamos por tanto de una habilidad extrasensorial, pero tranquilos, en este blog abordamos siempre estos temas desde el escepticismo.

Una pequeña búsqueda por internet nos revela que el celebérrimo Titchener estudió estas experiencias, al darse cuenta de que eran bastantes los individuos que afirmaban ser capaces de percibir cuando alguien les estaba mirando aunque ellos mismos no pudiera verlo, sobre todo mencionaban sentir una mirada fijada en su nunca.

Titchener no creía en los poderes psíquicos, pensando en cambio que esta sensación era producida por aquellas veces en que nos giramos y este movimiento capta la atención de los demás, de modo que "confirmamos" que nos observaban y creamos un sesgo confirmatorio que en un futuro nos hará creer que cada vez que tengamos esas sensaciones, podría ser cierto que alguien nos observa.

Como era de esperar, sus diversos experimentos dieron resultados negativos, por lo que concluyó que fuera su teoría cierta o no, en todo caso no existía tal cosa como la escopaestesia.

Más adelante ha sido un tema recurrente en investigaciones realizadas con diversas perspectivas, parapsicológicas inclusive, pero hemos de decir que hasta la fecha no se ha obtenido ninguna evidencia empírica que pueda hacer suponer que la escopaestesia sea real. Vale la pena mencionar que en aquellos experimentos en que se les pide a personas que adivinen si alguien les observa por detrás sin saber si realmente hay alguien o no, los resultados más optimistas rondan el 50% de aciertos, lo cual equivale a decir que cuando se acierta suele ser por puro azar. En conclusión, y como ya nos decía Titchener, la escopaesteasia no es un fenómeno real, o en todo caso no se produce por la existencia de algún sentido oculto, siendo en todo caso una alucinación sensorial breve.

No obstante, este es un tema demasiado interesante como dejarlo aquí, y me gustaría añadir que cierto estudio realizado por la Universidad de Sydney que cuando se experimenta con sujetos a los que previamente se les han dado pistas ambiguas sobre si estarán siendo observados o no, tienden a asumir que sí que habrá alguien mirándolos. Por lo tanto, sabemos que no poseemos una capacidad extrasensorial para detectar a un observador, pero sí es cierto que tenemos una tendencia a sentirnos observados. ¿Y esto por qué?


La conclusión a este respecto es que somos desconfiados, precavidos, por naturaleza. Esto tiene todo el sentido del mundo si pensamos en lo útil que resulta esta actitud cuando nuestros ancestros vivían en un ambiente en extremo hostil, y es que no reconocer a tiempo el peligro causaría un mayor peligro que una falsa alarma (huir de una amenaza inexistente).

Por supuesto, lo anterior se refiere a cuando la especie humana aún daba sus primeros pasos, siendo que ahora vivimos de un modo totalmente distinto este instinto nos afecta también de forma distinta. Por ejemplo, se dice que cuando alguien se siente observado esto afecta a su rendimiento en el trabajo e incluso a sus conductas en general, ya que al ser (o sentirse) observado se activa nuestra necesidad de dar una buena impresión.

Fuentes:
La sensación de ser observado, de E.B. Titchener
https://en.wikipedia.org/wiki/Psychic_staring_effect
Como la ilusión de estar siendo observado puede convertirte en mejor persona, por Sander van der Linden

domingo, 5 de febrero de 2017

Tripofobia o miedo a los patrones geométricos repetitivos y cercanos

Fobias hay muchas, y es que uno puede tener miedo de casi cualquier cosa. Hoy concretamente quería hablar de la tripofobia, también llamada fobia al patrón repetitivo. En este caso nos encontraríamos ante un miedo o angustia que se generan ante un estímulo formado por un conjunto de figuras geométricas juntas, normalmente hoyos pequeños repartidos sobre una superficie.

Aunque no está recogida en el DMS-V, el manual de los trastornos mentales, no son pocas las personas que manifiestan sentir desagrado ante este tipo de objetos, y aunque la mayoría no sienten exactamente miedo, sí que es cierto que bastantes de ellas afirman sentir repulsión. En todo caso, aunque existe evidencia de que el fenómeno existe, no disponemos por un ahora de suficientes estudios científicos al respecto como para entender cómo y porqué se produce.

Por tanto, aunque relativamente común, conocemos poco sobre ella. Repasemos pues lo que sí sabemos:

Una fobia puede tener diversos orígenes. Así nos encontramos con fobias adquiridas mediante experiencias traumáticas, de forma cultural o incluso por mero instinto, como sería el caso de la tripofobia según estudios llevados a cabo por la Universidad de Essex. Se teoriza con que en este caso dicho instinto sería una defensa ancestral contra animales peligrosos, que a menudo presentan patrones como los que causan el citado temor.

Buen ejemplo de ello es el pulpo de anillos azules, uno de los animales más venenosos del mundo

Por ello, si un rasgo como evitar este tipo de animales ayudaba a la supervivencia, no es de extrañar que hoy en día aún encontremos individuos que presenten dicha conducta. No obstante, esta no es la única teoría al respecto, y otros afirman que esta fobia es en realidad una reacción de disgusto general producida por la asociación de estas imágenes con ciertas enfermedades.

A pesar de lo dicho, si buscamos en la red información encontraremos poco más que el citado estudio, un montón de imágenes que pueden llegar a ser desagradables, y un artículo de la wikipedia, siendo dicho artículo cómo no el primer resultado y quizás el que menos información ofrece. Dicha falta de información se debe sobre todo a que se trata de un fenómeno que ha causado interés recientemente y por ello aún no disponemos de suficientes resultados experimentales como para entenderlo bien.

En los experimentos de Essex, entre otras cosas, se mostraron a casi 300 sujetos imágenes entre las cuales figuraban algunas de queso gruyere, semillas de loto, y otros con características similares, es decir, con agujeros u hoyos repartidos por su superficie. Los sujetos debían decir respecto a cada imagen si les causaba algún tipo de malestar. Un 16% de los evaluados manifestaron sentir desagrado ante las imágenes que contenían los agujeros o patrones geométricos similares.

Y pese a lo dicho, la tripofobia como hemos dicho no figura en el DSM-V, y esto es porque como dijimos existen multitud de fobias, ya que se puede tener miedo a casi todo. La mayorías de fobias se tratan con métodos muy similares, y por tanto no merecen una categoría diagnóstica por separado. Además, una fobia solo debe ser considerada como tal, y recibir tratamiento, cuando provoque síntomas tan intensos como para que interfiera en la vida normal del individuo que la sufre.

Si crees que sufres esta u otra fobia, ten en cuenta que las condiciones son:
  • Temor persistente, excesivo o irracional, desencadenado ante la presencia o la anticipación de cierto estímulo.
  • La presencia del estímulo provoca siempre la respuesta de angustia o ansiedad.
  • Tendencia a la evitación de aquellas situaciones que implicarían la presencia del estímulo temido, y/o vivencia de estas situaciones con malestar y ansiedad.
  • Interferencia de estos pensamientos y conductas en la vida cotidiana, afectando por tanto a estudios, trabajo, vida social y/o la actividad diaria en general.
Si cumples las condiciones arriba indicadas, entonces padeces una auténtica fobia y por tanto te recomiendo buscar ayuda terapéutica para superar dicho problema. Algunas terapias típicamente usadas ante estos problemas son la terapia por exposición, la terapia cognitivo conductual, o en casos graves el uso de medicamentos, siempre prescritos en este caso por un psiquiatra.

Por último, os dejo una pequeña selección de elementos que teóricamente producen esta aversión, para que comprobéis que sensación os producen. Las he dejado para el final, porque aunque a muchos no os dirán nada, estoy seguro de que a otros les puede causar bastante aprensión.

Semillas de loto, uno de los mejores ejemplos de estímulos que pueden evocar tripofobia


El sapo de Surinam protege su descendencia llevando sus huevos en la espalda hasta que eclosionan

El queso Emmental, más conocido como "el de los agujeros"

Panales de miel, otro ejemplo "clásico"

Fuentes:
Fear of holes, por Cole GG y Wilkins AJ
Assessment of trypophobia and an analysis of its visual precipitation, por Le AT, Cole GG, Wilkins AJhttp://www.lifeder.com/tripofobia/
http://www.muyinteresante.es/salud/articulo/la-tripofobia-o-miedo-a-los-agujeros-podria-tener-una-explicacion-evolutiva-891378205763
https://psicologiamotivacional.com/tripofobia-fobia-agujeros/
Psicopatología de la clínica cotidiana, por Manuel Murillo.